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Santos es bogotano

16 de septiembre de 2012 - 06:00 p. m.

Reafirmando su condición de rolo a ultranza, el presidente Juan Manuel Santos, no importa su remoto origen santandereano (del Socorro, según parece), le ha designado al alcalde de su ciudad, Gustavo Petro, una alcaldesa alterna.

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Altiva, viva y simpática, Gina Parody no pudo zafarse de Yamid, en un acosador interrogatorio acerca de sus reales funciones como alta consejera para los asuntos de la capital. Quedó en claro que son muchos los roles que desempeña la Nación en el desarrollo de Bogotá y que el gobierno nacional no los dejará al arbitrio del alcalde electo, y mucho menos el destino de las finanzas nacionales aplicadas a ellos.

También se ve, por los hechos que han sido públicos, que a la novel funcionaria la ha recibido el Distrito, en la cabeza del alcalde, con un gran desaire. No le contesta llamadas a la consejera y le designa a su secretario privado como interlocutor, mirándola de arriba abajo, desde el segundo piso del Liévano. Muy propio ésto de la arrogancia de Petro (llamado “un déspota de izquierda” por sus mismos amigos) y, por qué no decirlo, producto así mismo de la imprudencia del gobierno central al asignarle una tutoría, muy al estilo —qué pesar— de la que le impuso Chávez al alcalde Ledesma, de Caracas.

Es probable que las cosas no marchen bien, en cuanto a la colaboración armónica que fuera de desear, para los proyectos en cierne, como las demoradas troncales de Transmilenio y el corredor de la Séptima, el cual arranca en la 26 sobre un costosísimo puente, recién terminado, que conduce de una carrera peatonalizada a una vía de automotores. No pase lo del gran puente tirado al través, sobre la Norte Quito Sur, que desemboca en una pared.

Tutoría semejante le ha instalado el presidente a su compañero de fórmula, el ahora enfermo Angelino, en cuya recuperación creemos y esperamos, al posesionar a Lucho Garzón, gran palabrero, como consejero para asuntos sociales, con rango de ministro. ¿Quién es quién? ¿Y quién hace las veces de cuál?

El estilo Santos se desliza sutilmente hacia sus fines y propósitos, a la mejor manera del “tío”. En lo que sí parece arriesgar el todo por el todo y de manera ya no sutil sino directa es en el proceso de paz. Un tiempo límite de ocho meses les ha fijado a los resultados y en el entretanto ha de aguantarse los raps guerrilleros, el ofensivo “Chucky, Chucky”, los discursos altisonantes de Timochenko (la voz que clama en el desierto), las amenazas de Andrés París a los comunicadores y la cara de pocos amigos, pero de muy pocos, de alias El Médico, a quien, por cierto, no convocaron como negociador en la última nominación de voceros, cuando ya los caricaturistas hacían fiesta con su agrio rostro y sus ojos de penumbra.

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