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Se busca un regente

07 de septiembre de 2008 - 06:36 p. m.

QUE NOS ENCONTREMOS PENDIENtes del pestañeo del presidente Uribe, para saber hacia dónde se dirigen sus preferencias sucesorias, eso ya indica que este hombre fuerte domina el panorama político, sin salida posible.

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Qué triste época ésta en la que, en aras de la seguridad y de una relativa paz, se nos fueron a pique las tradiciones políticas y el juego alternativo del poder, propio de la democracia.

Un Uribe, infatuado por las encuestas, insulta a quien le place, va y vuelve al micrófono, como si no acabara de aplastar a sus enemigos y, también, juega fichas de sucesión, con evidente desdén. Se deja ver generoso con sus colaboradores, con los que no han reprochado una sola de sus decisiones y les hace un débil señalamiento, que es apenas contentillo para la galería y para los directamente interesados, que consiguen posicionarse como presidenciables, para cualquier cosa que eso sirva.

Aunque ya está claro que él quiere quedarse en el poder, y así se desprende de lo que dio a entender su asesor, don Pepeobdulio, en la revista Gente, habría un plan B (el de Fabio Echeverri, tal vez), cual es el de nominar a un regente (a), para que el todopoderoso haga una pausa que refresca, de cuatro añitos, sin reelección inmediata del sustituto, eso sí, porque tal cosa dañaría las expectativas del Núñez de nuestro tiempo. Un día no se visitará El Cabrero de Cartagena, sino El Ubérrimo de Montería, donde el gran hombre —se dirá— dirigía los destinos de la República.

Dicen relatos históricos que cuando el efímero presidente Zaldúa (qué bello apellido), “guiñado” previamente por Núñez, se mostró demasiado independiente en su discurso de posesión, el del Cabrero, molesto, se hizo designar él mismo como vicepresidente, pero no tuvo que despojar al titular del poder, porque la muerte se llevó a Zaldúa, a los setenta y un años (los de McCain), víctima del frío sabanero.

Con los riesgos que se corren y las sorpresas que dan estos regentes, vicepresidentes y encargados, Uribe tendría en Noemí Sanín, por ejemplo, una bella, segura y vanidosa presidenta temporal, que habría olvidado lo que ella misma opinaba de su contendor en las elecciones del 2002. “Uribe es la guerra”, recuerdo que decía. Hoy tal vez exclame: “… Y parece que la va ganando”. Su acomodación es inefable.

Es claro que algunos de los que han sido objeto del guiño, tipo Germán Vargas Lleras, no le caminarían a la tal regencia (no la llamo testaferrato, para no caer en contextos carteleros) y de ahí que sus nombres sean mencionados en un tono menor.

Un clasificado podría ser: Se busca regente (a). Diligenciar solicitud con foto reciente y presentarla en la “Casa de Nari”, entrada de garajes, izquierda, sótano.

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