No me extrañaría, como van las cosas, los irrespetos sucesivos a los cánones, el triunfo de la guerrilla y hasta el populismo reinante, que el agitado camino del 18 esté signado por una nueva amenaza de reelección del gran mago de la farsa y de los engaños del póquer.
Lo que de tiempo atrás ha sostenido el exguerrillero Iván Márquez, hoy más delgado y rutilante en los campos de la Guajira, pasando por Horacio Serpa y recordando lo que presagió Néstor Humberto Martínez, al retirarse del Gobierno, el tema de una Asamblea Nacional Constituyente permanece latente en medio de pactos, elecciones fallidas, ilegítimo acelere parlamentario y galardones de paz.
Se ha temido mucho que la eventual Asamblea, capaz de reformas, quizá necesarias para no romper a cada paso la Carta fundamental, pudiera reencauchar la reelección presidencial, y permitiera un tercer período, que, en tal caso, favoreciera a Uribe y éste barriera electoralmente.
Habiendo logrado Santos lo que parece estar consiguiendo, con denuedo, y haciendo uso de su periódico, esto es, hundir al uribismo y a su futuro político, con el descrédito de sus posibles candidatos a la Presidencia, el camino para que el Nobel se quede en el poder, como cualquier Maduro o como cualquier Correa o Evo, estaría a la orden del día, claro que batiéndose con Uribe en una épica jornada electoral.
En cuanto a Óscar Iván Zuluaga, dibujado en su momento con la capa del Zorro, parecen haberlo vencido, ya no con Hacker sino con Odebrecht o con lo que se antoje para hundirlo, mejor si es de nombre extranjero que confunda a un público que se encuentre desconectado.
El bueno de Óscar Iván, ingenuo candidato, no tiene el temperamento ni su imagen le da para sobreponerse a lo que le lanzan encima enemigos peligrosos. En su caso no se trata de haber pactado coimas en detrimento del Estado, sino de un contrato de asesoría de campaña, que vaya uno a saber si otros lo han tenido con otras firmas y otros personajes cuestionados. Pero Zuluaga no es definitivamente el Zorro para defenderse y ya le flaqueó el soporte de Uribe, quien en el fondo es el mal herido y a quien va dirigida la saña de Santos y de su periódico.
Mencionar el nombre de Iván Duque, muy fuerte alternativa política, es querer quitar del medio a otro posible émulo del candidato oficial, el un tanto trajinado Humberto de la Calle, ya sin gafas, como si desdibujarse en un momento clave electoral lo rejuveneciera y no más bien lo convirtiera en un desconocido de ojos hundidos, ya maltrecho por sus contradicciones pronunciadas con tan excelente locución, tipo radial.
Con ironía, el periódico de Santos menciona el nombre de Claudia de Castellanos, respetable líder religiosa, como la carta que le quedaría al uribismo para el juego presidencial. Vaya. Al enemigo, acabarlo de hundir con un chiste.