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Si fue el uno o si fue el otro

17 de junio de 2018 - 09:00 p. m.

Esta es, digamos, una columna despistada. Queda escrita en vísperas electorales. Será leída, si acaso lo fuera, cuando todo el mundo, incluyendo su autor, estará celebrando o lamentando el dictamen popular, casi que oficializado por el presidente Santos, hacia las seis de la tarde del domingo, según lo prometido.

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Son espantosos gajes del oficio: escribir sobre el mañana como si fuera el pasado. Pero estamos en eso: digamos que ganó Duque, y es lo que yo creo, salvo se equivocaran en serie todas las encuestas desde el pasado 27 de mayo.

Iván Duque se me representa, en esta primera hipótesis, como el Mariano Ospina Pérez de mayo de 1946. Triunfa un hombre moderado, que carga con los odios que se ganó en buena lid su mentor político, en aquel entonces Laureano Gómez (en cambio, éste continuaba siendo amado fanáticamente por los suyos, de los cuales aún sobreviven algunos). Ospina tiene ya el cabello plateado, que terminará blanco hacia el año 50. Cuenta con 55 años, en eso Duque no se le parece, sí, en cambio, en una cierta sonrisa de Mona Lisa y en las mejillas paisas, un tanto adiposas.

A aquel hombre apacible, a quien después la furiosa oposición desfiguró como odiado opresor, le funcionó por un tiempo la Unión Nacional, convertida en sistema de gobierno. Tras el 9 de abril de 1948, su mentor, protegido por los militares en un fortín de guerra, acosó al elegido para que designara un gabinete militar e hiciera frente al desorden. Ospina no acató.

Con el débil fortalecido, el partido de gobierno se dividió para una historia larga entre ospinistas y laureanistas. La historia nunca es igual, pero se parece, porque el hombre que produce los hechos que aquella registra (y desfigura) es idéntico en sus pasiones, odios y errores.

Ahora bien, si el día de ayer triunfó Petro, Gustavo Petro, ay, si el hombre de la extrema izquierda, si el afín con Chávez, si el enconado auspiciador de la lucha de clases, si el mal gobernante y el buen guerrillero (o sea, todo el mal que hizo lo hizo bien) logró remontar la votación de su adversario y llenar de asombro al país, aunque no me lo creo, entonces, hay que atenerse al daño que sobreviene para la República.

Muchos verán en ello un cambio y la solución a tantos males, desempleo, injustos salarios, corrupción. Y ojalá fuera así; sin embargo, es de presumir que las reivindicaciones serán más políticas que de justicia social. La izquierda internacional, las encandiladas noruegas que sólo ven oprobios en los gobiernos de América, estarán de plácemes así como los intelectuales y juristas nativos, que hasta la presente elección nos vendieron su imagen de equilibrados pensadores y hombres y mujeres de neutrales foros.

Entonces, y en esta segunda hipótesis, como lo dijo Putin en su simplón discurso del Mundial: “Bienvenidos a Rusia”.

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