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Síndico de pirámides

23 de noviembre de 2008 - 06:16 p. m.

TERMINÓ EL GOBIERNO NACIONAL haciéndoles el trabajo de cierre de caja y liquidación a los financieros piratas, así como el de repartir caletas húmedas al por menor. Como si fuera poco, avalando documentos precarios que acreditan las inversiones en este juego de suerte y azar que han sido las pirámides .

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Tremendo lío con el que no contaba el sector oficial, entre mingas indígenas, paros judiciales, referendos atascados y mal redactados y triunfo electoral demócrata en Estados Unidos, adverso a sus intereses. Las grandes marchas del piramidismo por todo el país semejan un levantamiento popular en contra del Presidente mejor cotizado en encuestas de opinión de todos los tiempos en que las encuestas han sido.

Pero qué tal tener que repartir migajas y dejar a todo el mundo insatisfecho, como si el causante de la debacle personal de cada depositante audaz fuera el Gobierno, con la paradoja de que los papeles ilegales que les fueron entregados a cambio de su dinero adquieren de repente y durante la liquidación el carácter de bonos oficiales y casi de títulos valores.

Aquí hay una serie de circunstancias que deben tener devastado al mandatario, por lo general muy suficiente y conocedor de los temas del Estado, que trata a menudo de manera coloquial. En este sorpresivo tema de los falsos positivos financieros se ha visto al gran gurú estatal perplejo, desconocedor y mal asesorado.

Está por verse si este atafago se traduce en merma de su aceptación y popularidad o si tampoco lo afecta, como no parece afectarlo ninguna de las graves circunstancias en que se ve envuelto a cada paso.

Se ha debido dejar “que los muertos enterraran a los muertos”, según la enigmática frase evangélica. Una cosa es evitar el funcionamiento de lo que es ilegal y otra sobreactuarse en el papel de los propios defraudadores, para resolver los problemas que crearon, a su iniciativa y antojo. Por sí solo el sistema se derrumbaría y señalaría como responsables a sus dueños y no a la acción oficial.

Se dirá, en contrario, que no era posible dejar que la población asaltada en su buena fe sufriera las consecuencias de su ingenua codicia, como también de la larga imprevisión oficial, que no advirtió desde un comienzo la urgencia de intervenir y liquidar el falso negocio. Finalmente lo hizo y le correspondió echar mano de los dineros sobrantes en caja con el sambenito de verse culpado de apropiárselos —lo que ya ocurrió en algún caso—  o de repartirlos indebidamente y así ganarse la queja de todos los estafados.

¿Otra solución? No la hay. El tiempo, las lluvias y la Navidad traerán nuevos escándalos y/o tragedias que taparán las inmediatamente anteriores. A.M.D.G. (A Mayor Gloria de Dios).

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