HABLA EL MINISTRO DE DEFENSA EN interinidad, mi general Fredy Padilla de León, sobre los hechos de Ocaña.
Refiere que la investigación ordenada por el Comando General dio cuenta de un manejo inadecuado del saldo de pertrechos, el cual causó el mal uso que conocemos y nos escandaliza.
Ese mal uso fue nada más ni nada menos que el asesinato a sangre fría de muchachos pobres, sostén y aliento de sus más pobres madres, para presentar sus cuerpos inertes, revestidos de uniforme, como bajas guerrilleras. Deshonor inmenso para nuestras fuerzas. Crimen, por supuesto, de Estado y delito de lesa humanidad.
Contrasta con la gravedad de los hechos que el resultado de la investigación interna —proveniente de Santander y enviada a la Fiscalía— muestre un mero interés administrativo. Conteo inocuo de munición, asunto de almacén. Unas balas de más, otras de menos. Es claro que no importaban tanto los pertrechos cuanto por quién y cómo se había hecho el mal uso de ellos. Por poco le mandan decir al Comando General que no se desperdiciaron los proyectiles, supresores de vidas jóvenes y anónimas.
A su derecho a vivir sumaban estos muchachos, como todo ser humano, el lazo entrañable de familia que los unía a una madre, hoy desconsolada y desmayada a la salida de las audiencias. Jóvenes desamparados sociales, a quienes la alegría fácil y desconcertante de la juventud, aun en medio de la pobreza más extrema, disipaba toda sospecha de muerte.
El reporte, conocido por mi general Padilla, quien se ha mostrado sensible al caso, debió sorprenderlo demasiado. Lo vimos hacerle frente, como pudo, en el propio municipio de Soacha al desconsuelo de las madres “huérfanas” de sus hijos, asesinados por la tropa.
No se están magnificando los hechos. El propio relator Philip Alston pide al Ejército no ignorar la magnitud de los mismos. Caen ellos de su peso, nacional e internacionalmente; se precipitan como el avión herido, que envió aquel fatídico y último mensaje: “velocidad vertical”.
Dirección de caída libre que le hubiera correspondido al ministro titular de la Defensa , don Juan Manuel Santos, a quien la campaña política subsiguiente le cobrará la tremenda responsabilidad política (accountability).
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Aparte. Grotesco espectáculo el de los congresistas invitados a manteles sobre sus curules: documentos con salsa de tomate; micrófonos y perros calientes con todo; gaseosas y ministros del Interior masticando a dos carrillos en la mesa directiva, con un apetito tal, que a cualquiera hace parar de la televisión para ver si encuentra algo en la nevera.