ESO SE HA DICHO DE COLOMBIA. ESte gobierno ya daba pasos por el camino equivocado: su estilo, sus definiciones jurídicas, su permanencia forzada y los abusos de su policía de inteligencia parecían llevarlo, imantado, hacia un mayor abuso del poder.
En el episodio final se ambicionó lo mucho y se perdió el todo, de una buena vez. Por modificar alegremente un texto que firmaron cerca de cuatro millones de ciudadanos —provocados, pues lo cierto es que andaban por la calle, indiferentes— y que autorizaba al menos una segunda reelección en el año 14, se perdieron ambas, la inmediata y la del 14.
Claro que los vicios que señaló a profundidad el magistrado Sierra Porto fueron muchos más, los mismos que subestimaron juristas afectos al régimen y, desde luego, el procurador Ordóñez, cuyo concepto pasó a amarillarse en los archivos.
Sin demeritar un milímetro la autoridad académica y forense del magistrado ponente, habría que hacerle mérito a quien, en un momento dado, pudo alentar su gravísima decisión, el ex procurador Edgardo Maya Villazón.
El pensamiento de Maya, liberal por excelencia, que se conoció mejor tan pronto dejó el cargo, coincide, aproximándose demasiado, a lo que fue finalmente el contenido de la ponencia, definidora del fallo que sofocó el referendo.
Se le dio validez al concepto por el cual las formas en el derecho son propias de su esencia y necesarias para su comprobación. Cuántos hay que teniendo el derecho no lo pueden alegar ni demostrar. En materias laborales se salvan muchas solemnidades, es verdad, sin que ocurra lo mismo en temas de tierra o en materia política y de constitución del Estado, donde se precisan registros y constancias, para ser históricas y comprobables.
Nadie esperó tan apabullante mayoría en el interior de la Corte Constitucional. En cuanto al magistrado y presidente de la corporación, Mauricio González, quien salvó el voto, es preciso reconocerle su presencia de ánimo para entregar al público nacional un fallo, del cual no estaba convencido y ofrecer a la prensa unas respuestas contundentes a nombre de toda la Corte, que le correspondía representar.
Uribe se hunde, como dijera Alzate, con las luces encendidas, con ganas de permanecer, con rabia y con enojos nacionales e internacionales.
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Aún no descanso en la noche pensando en que Fabio Valencia esté despierto o José Obdulio desvelado, urdiendo alguna salida, una Constituyente desesperada o algún mecanismo populista, que vuelque las represas del uribismo sobre el país, sus reglas y costumbres, y nos diga para qué sirven las armas que todavía estarán cinco meses más en poder de la Seguridad Democrática.