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Todo salió muy bien

25 de julio de 2010 - 10:00 p. m.

EL PROLONGADO BALANCE SENTImental de la obra de gobierno, que se realizó por televisión el sábado anterior, dejó un refrescante halo de optimismo. Todo, salvo dos o tres lunares, fue, en esa noche de luces, maravilloso.

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Una vez más “se partió en dos la historia de Colombia”. Por supuesto que no todos los presidentes que antecedieron a esta magna obra contaron con el tiempo extra o de reposición con que el mandato de Uribe Vélez contó, equivalente a otro tanto del primer período, el único constitucional.

Un país avanza necesariamente en ocho años. Es de reconocer el enfoque direccional en materia de seguridad, que, con gran esfuerzo y costo de vidas, tuvo importantes logros que generaron el gran respaldo de opinión con que concluye la prolongada y extralegal permanencia del presidente Uribe en el poder.

Claro que quedan carreteras de doble calzada, túneles y vías de acceso a regiones antes olvidadas, aeropuertos, así como ciudades desbaratadas, aunque esto es de otra competencia. Una gran ministra de Educación llevó escolaridad a grandes masas; el medio ambiente, a cargo de un ministro conocedor y dinámico, purificó el aire en un 17%. Innegable, en ocho años muchas cosas se hacen por la inercia propia de un país en desarrollo y las cifras, que van y vienen, son el diploma del progreso.

Todo fue optimismo, lágrimas y muchas acciones de gracias. Muchas gracias a todos y a cada uno (y una), en una peligrosa enumeración, pues el Presidente, más agradecido que Pedro Vargas y dando saltos de un lado para otro, no quería dejar a nadie por fuera. El mejor librado fue el ministro del Transporte, Andrés Uriel Gallego, para quien el vicepresidente consiguió un reparador aplauso.

El peor librado, el de Protección Social, con quien el Presidente se peleó a quién se decía más culpable de los desaciertos, pesaroso de haber firmado las normas especiales de salud, en las que “no hemos debido meternos con los médicos”. Regular le fue a Uribito, aunque sigue viendo en él una promesa de líder y con quien se conduele por lo dura que es la lucha política, en evidente alusión a sus tropiezos.

A juicio de este televidente, a veces soñoliento, inducido por los bostezos de doña Lina, el mejor de la noche fue Pacho Santos, quien disertó con delicioso desenfado sobre los pros de Uribe y ningún contra. Hizo alusión a que sólo un hermano suyo y un cuñado aprobaron, en familia, el salto que dio del periodismo al escenario político. Un ápice de generosidad de Uribe y por poco tenemos a Pacho Santos como ex presidente de la República.

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