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Un atardecer de Zamora

18 de marzo de 2012 - 08:00 p. m.

Para los que no lo recuerdan, que es toda la gente joven, Jesús María Zamora pintó en pequeño formato los atardeceres más bellos y nostálgicos de la sabana de Bogotá.

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Era hombre sencillo, a quien la ciudadanía culta le recababa sus óleos, reputados y valiosos.

Pintaba “ese instante del crepúsculo, en que las cosas brillan más”, como describiera la puesta del sol el poeta Valencia, uno de los grandes de la literatura colombiana, cubiertos luego por la gloria de García Márquez y es como si nos hubiéramos quedado con uno solo.

Pero me refiero a quien tiene sinonimia de apellido con el pintor sabanero, doña Marta Lucía Zamora, jurista que encarna por el momento y en interinidad, la Fiscalía General de la Nación. Porque, tal como se ven las cosas, va a vivir un solo instante crepuscular, estando en curso ya la terna para una nominación definitiva, pero a la vez precaria, por el corto tiempo que se le promete, esto es, por lo que falta del período institucional.

Me doy cuenta de que la doctora Zamora está produciendo medidas inmediatas de continuidad, como quien está de paso y es consciente de que se la descartó de la posible terna, en una extrarrápida decisión santista. La selección presidencial despejó así mismo y de inmediato la duda sobre una nueva nominación —jurídicamente discutible— de la doctora Viviane, reclamada por muchos, demostrándose que sobre ella no solo pesaba su defectuosa elección, sino su circunstancia personal.

Jugando a las interinidades, el mandatario les dijo expresamente a Yamid y María Isabel que la terna propuesta era para que terminara el período incompleto, como quien dice, para una fiscalía de dieciséis meses, que podrían ser menos, si la Corte se demora en decidir o declara inviables a los ternados (!). Todo es posible, si no los considera suficientemente independientes.

Tenemos, pues, el corto tiempo que tuvo el fiscal encargado, doctor Mendoza Diago, el igualmente corto de la doctora Viviane Morales, interrumpido abruptamente. El que pinta cortísimo de la fiscal Zamora (“fugaz momento palpitante de una morosa intensidad”, sigue Valencia) y el de la posible fiscal De Greiff, la más probable de los propuestos, samperista ella, con plazo igualmente recortado.

Vendría después —en el dos mil trece— una nueva terna, así mismo por parte del presidente Santos, aún en su primer período (hoy en día se aspira a dos, por efecto de aquella “desviación de poder”, que reformó la Constitución en el dos mil cuatro) y vaya uno a saber si la Corte, para ese entonces, decidirá el nombre del fiscal (o la fiscal) con premura o entrará en crisis, para dar lugar a una nueva interinidad. Y así sucesivamente.

***

Zamora habría dado para terminar este tramo institucional. No se tomó Zamora en una hora.

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