El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Una aventura con Benedicto

21 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

Entre la final del Sub 20 y la peregrinación, igualmente sub-20, que desembocó en Madrid, pasé la noche del sábado sin espabilar.

PUBLICIDAD

La alegría y el llanto de los jugadores se entremezcló, unos cuantos canales de por medio, con la gritería de júbilo y una que otra lágrima emocionada en la jornada religiosa. El coro “Somos la juventud del Papa” resonó en mis oídos hasta quedar dormido.

Creo que Benedicto se anotó una. No sólo Brasil, el Papa también la sacó del estadio. Para mejorar el espectáculo, incapaz de dañarlo, la ventisca y el aguacero ayudaron no poco a la gritería y a un ordenado desorden, que impulsó al Pontífice, con ayuda lingüística, a decir en voz tenue: “hemos vivido juntos una aventurra”.

El foro de Cuatro Vientos (en Bogotá es un sitio de gallinas hervidas), inmensamente poblado, fue el remate, ya para pernoctar o posiblemente acampar, de la eucaristía en latín y lengua vernácula, al murmullo de inefable música sacra. Nada más hermoso que el paternóster en el pentagrama gregoriano. Lorenzo, que siempre ha amado a la Iglesia, sin arrepentirse de sus críticas a algunos prelados, estuvo cerca de la emoción, que, en cambio, no le despierta mayormente el fútbol.

Las jornadas de la juventud van a acercar a este Pontífice, lejano y germánico, a la latinidad y al afecto de una población joven, varios saltos generacionales distante de la suya. Porque todo ser humano ha tenido juventud, inclusive Benedicto XVI, quien la vivió como conscripto, sin alternativa posible, en un regimiento nazi, jugándosela entre la fidelidad a su país en guerra y su vocación religiosa, la que prevaleció.

Contrastó, por supuesto, el éxito multitudinario de la Jornada Mundial con la protesta de los indignados madrileños, quienes contrariaban las directrices papales en álgidos temas como el aborto, la homosexualidad, la eutanasia, el celibato eclesiástico y la presencia de la mujer en el servicio y la jerarquía eclesiástica. Enumero de memoria los puntos que pueden ser o haber sido de la protesta, a veces no muy especificada.

Un hecho programado por los indignados fue el de los besos entre personas de un mismo sexo, al pie de la caravana papal. Esto fue gracioso, al tiempo que desafiante. Y el papa inmóvil, desde luego, frente a tales efluvios, que nunca podría aceptar en su manifiesto regreso al pasado, revestido, como lució en toda la jornada, con los más vistosos ornamentos de la nostalgia.

No en todos los temas el Santo Padre, supongo, ha de ser infalible, pero sí es un hecho comprobado y una realidad periodística que la sotana blanca (en este caso roja hasta las zapatillas) convoca al mundo católico en masa más que respetable, que de la misma manera rodeará al sucesor, quizás portador del cambio, en una época postbenedicto.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias