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“Unidad Nacional”

06 de junio de 2010 - 08:39 p. m.

TAL ES LA DIVISA DEL GOBIERNO QUE comenzaría el próximo 7 de agosto, de ser Juan Manuel Santos finalmente elegido, como se deduce de la votación del 30 de mayo y como lo muestran, en consecuencia, las encuestas de segunda vuelta. Por supuesto que, si lo dicen las encuestas, se puede pensar que aún hay esperanzas para el profesor Antanas Mockus.

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“Unidad Nacional” es nombre trillado y está en la línea acostumbrada para los mascarones con que cada gobierno encabeza su gestión.

Enrique Olaya (año 1930) nominó su turno de gobierno como la “Concentración Nacional”. Un liberal moderado que llegaba después de más de cuarenta años de hegemonía conservadora adoptó esta insignia, para tener una adecuada colaboración del poderoso adversario, que aún dominaba en muchos frentes. Lo sucedió Alfonso López Pumarejo con su “Revolución en Marcha”.

Ospina Pérez, en el 46 del siglo pasado, usó parecidos vocablos, en este caso: la “Unión Nacional”, cuando le dio al partido contrario participación cincuenta-cincuenta. La colaboración se rompió, sin embargo, por las arengas de Gaitán y el inconformismo por la violencia que se desató con fuerza inusitada. Ospina restauró el equilibro al nombrar al jefe supérstite del partido liberal, Darío Echandía, como ministro de Gobierno, en los azares del 9 de abril de 1948 y ante el zarpazo que por poco lo tumba del solio.

Rojas capitaneó con la voz cívico-militar “binomio Pueblo-Fuerzas Armadas”. Alberto Lleras llegó al poder a lo que llegó, esto es, a restaurar la civilidad, y no tuvo, que se sepa, consigna alguna (el “Frente Civil” cobijó la campaña que precedió a su gobierno, pero no propiamente a su gobierno, si bien el suyo y los que siguieron constituyeron el “Frente Nacional” ). Lleras Restrepo arribó con gran ánimo y nombró lo suyo como la ”Transformación Nacional”. Antes, Guillermo León Valencia pasó apegado al poema de su padre, titulado “Anarkos”, y lo hizo su programa social.

Belisario acuñó el “sí se puede”, curiosamente repetido —como si fuera copiado— por la campaña de Obama (“Yes We Can” ). Bueno, todos o casi todos han escogido su simbología verbal. Misael Pastrana o “La Juventud al Poder”; Gaviria, “El Revolcón”, y a fe que le dio tres vueltas y liquidó la benemérita Carta del 86.

Uribe, quien no concluye aún y parece que seguirá como poder detrás del trono, consagró la “Seguridad Democrática”, con la que pacificó carreteras y acorraló a la guerrilla.

Juan Manuel Santos ya tiene, pues, su título y, si termina por llegar a la Casa de Nariño con su séquito de conservadores dóciles, de Uribitos y Noemíes, de liberales de César Gaviria y de los otros, amén de los suyos propios, anuncia espíritu conciliador, lo que no le resultará difícil, dada su maleabilidad política.

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