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Velas, veleros y velitas

06 de diciembre de 2009 - 07:50 p. m.

UNA VELA A DIOS Y OTRA AL DIABLO prenden los juristas del Régimen, al anticiparse a decir que el referendo, una vez aprobado, mata cualquier norma de categoría inferior, como sería una pobre ley de garantías ciudadanas. Se les ve rigurosos en cuanto al respeto legal, pero permisivos y endiablados violadores del Estado de Derecho, que, para serlo, ha de existir previamente a las pretensiones del Príncipe.

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Toda esta conspiración pro-Gobierno ilegítimo debió gestarse en un barco a la deriva, como fue el velero aquel de José Obdulio y Rivera, que hizo cabotaje en las costas caribeñas, en convención pirata, con el ánimo de asaltar las tradiciones jurídicas y dar asiento legal al inquilino renuente a desocupar la Casa de Nariño.

Los juristas del Régimen siempre han existido, para favorecer y revestir de legalidad las pretensiones del gobernante. Suelen ser personas muy notables, de enorme respetabilidad, como lo son las que ha reunido el binomio José Obdulio-Rodrigo Rivera. Es triste tener que recordar que hombres de la talla moral y jurídica de un Darío Echandía justificaron en su momento la usurpación dictatorial de Rojas Pinilla como “un golpe de opinión”.

Ahora viene incubándose la tesis del Estado de Opinión, con la que alimenta el ambicioso presidente la idea de permanecer en el poder, en contra de la tradición colombiana. Tesis que acogen los grandes juristas del velero: un referendo, obtenido por malas artes y de tramposa elaboración, una vez aprobado plebiscitariamente, constituye la Opinión, democracia directa, que rompe sin más la Constitución, democracia derivada, pero vigente.

Cierto, muy cierto que la voz del pueblo es la voz de Dios, menos cuando en el Jerusalén de Pilatos los Sumos Sacerdotes de la Ley azuzaron al pueblo contra el Hijo de Dios. El procurador, haciendo las veces de jurista del Régimen, optó por lavarse las manos para complacer a la multitud, intonsa e inepta.

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Más bien, prendamos las velitas de la Inmaculada esta misma noche, en candelada inocente, ajena a la pólvora. Las luces de la Navidad, que el comercio hubiera querido encender desde octubre, dejen ver en claroscuro las situaciones de facto que tan eminentes hombres del Derecho nos están preparando, desde el velero de José Obdulio. Velas, muchas velas blancas y de colores por la paz de Colombia y porque regrese la integridad de sus instituciones.

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