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América dividida

09 de febrero de 2014 - 10:00 p. m.

Hoy pasará a la historia como el día en que se dio inicio al proceso de integración más amplio y ambicioso en la historia de América Latina. La Alianza Pacífico es la unión de los mercados comerciales de las economías más estables y de mayor crecimiento en la región.

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Juntos, México, Perú, Chile y Colombia son la octava economía más grande del planeta, representan el 50% del comercio de América Latina, el 35% del Producto Interno Bruto (PIB) de la región y suman más de 210 millones de habitantes.

Es sin duda una de las iniciativas más grandes y atractivas hoy por hoy en el planeta. Por eso cada día aumenta la lista de países que solicitan ser observadores, como ya lo hicieron India, Singapur y Finlandia. Mientras que naciones como Panamá, Guatemala y más recientemente Costa Rica esperan recibir el visto bueno como nuevos socios.

La Alianza Pacífico permite que entre los actuales miembros se eliminen los aranceles para el 92% de todos los productos que se comercian entre ellos. El 8% restante tendrá un proceso de desgravación de entre 10 y 17 años.

La idea es que sea tan fácil comprar un auto mexicano en Chile, como un jean colombiano en Perú. El esfuerzo busca ampliar los mercados comerciales de cada uno de esos países, fomentar la competencia, transferir tecnologías, generar empleo y finalmente beneficiar al consumidor.

Sin embargo, un proyecto de esta magnitud difícilmente deja felices a todos. Por ejemplo, la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) retiró su apoyo a la Alianza, ya que no aprueba que se bajen los aranceles de los productos que se consideran sensibles. Inevitablemente, los procesos de apertura comercial generan muchas incertidumbres, ya que abren las puertas a que nuevas empresas y gremios entren a competir en los escenarios locales que antes eran dominados por los actores ya establecidos.

Pero a pesar de estos reparos, la creación de este nuevo bloque comercial deja claro que nuestra región está dividida en dos maneras muy divergentes de la concepción del estado.

Mientras México, Perú, Chile y Colombia están mirando el futuro como un escenario donde se debe abrir, competir, y avanzar libremente, Ecuador, Bolivia, Argentina y Venezuela siguen enamorados de su socialismo del siglo XXI que los ensimisma y lentamente los lleva a la pobreza generalizada.

La idea de la Alianza es una receta al éxito. De su implementación honesta depende que el resto del continente entienda de una vez por todas que el mundo ya es globalizado, interconectado y dispuesto a competir. Sin embargo, su mayor enemigo sigue siendo la corrupción, algo que ninguna salvaguardia, por buena y generosa que sea, puede matizar.

 

**Luis Carlos Vélez, Director de Noticias Caracol.

 

 

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