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Atentados en Francia y las Farc

15 de noviembre de 2015 - 10:10 p. m.

La mañana siguiente al atentado un hombre llegó con un gran piano a las afueras del Bataclan, el teatro donde se llevó a cabo la masacre, y empezó a tocar Imagine de John Lennon, esa canción que habla de imaginar un mundo en paz.

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Los periodistas que reportaban sobre la tragedia, sorprendidos, no supieron qué decir ni cómo explicar lo que estaba pasando y tragaron saliva para no llorar frente a las cámaras. Entendían que la carnicería de París había abierto las puertas de un nuevo capítulo de guerra sin cuartel y que un nuevo episodio de tranquilidad global tardará mucho en regresar.

Nada puede explicar las acciones del viernes en Francia. El fundamentalismo político o religioso es la antítesis del razonamiento, y por lo tanto no queda espacio para la discusión. Para sus representantes, todo es ofensivo, malo, indigno y debe liquidarse sin tolerancia ni mediación. Quienes los sufren enfrentan la difícil determinación de cómo enfrentarlos.

Las primeras investigaciones de lo ocurrido señalan que por lo menos uno de los atacantes tenía nacionalidad francesa. Por lo tanto, es inevitable pensar que la marginalización de la población musulmana en Francia sirve como caldo de cultivo para el Estado Islámico. De otro lado, tampoco se debería descartar que, si se está incubando terror en las entrañas de Europa, deben existir maneras de extirparlo contundentemente.

Los que realizan estos actos terroristas no calculan el círculo vicioso y de destrucción que generan. Sólo mirando hacia Francia este año se logra comprender que el atentado contra la revista Charlie Hebdó formuló mayor presencia francesa en Siria y una creciente actividad militar en contra del Estado Islámico. De la misma manera, la desactivación de otro plan terrorista pasada la mitad del año, al encontrar a un joven musulmán acumulando municiones y rifles AK-47 para llevar a cabo otra acción violenta, desencadenó mayor presión policial y acoso investigativo hacia los musulmanes en tierra gala. Más terrorismo resulta inevitablemente en más mano dura y menos diálogo.

Por eso estos atentados marcan un importante momento en los diálogos de paz en Colombia y le ponen una nueva cuenta regresiva. La lucha contra el Estado Islámico incentivará las posturas radicales frente al terrorismo y el planeta volcará su fuerza militar contra todo aquello que se plantee como insurgente y extremista. Las Farc no pueden olvidar que ya vivieron un episodio similar tras el 11 de septiembre. Deben recordar que parte del razonamiento que les otorgó a las FF.AA. el uso de recursos militares donados por EE.UU. para combatir el terrorismo, cuando antes sólo se podían usar contra el narcotráfico, fue la declaratoria global de lucha contra el terror tras la caída de las Torres Gemelas.

Otra larga noche se acerca contra el extremismo mundial. A las Farc las salva ahora que están sentadas en La Habana discutiendo la paz, pero de la misma manera que las condiciones internacionales planteadas por las victorias de la izquierda en la región y, en su momento, la injerencia de Hugo Chávez fueron fundamentales para que se sentaran en Cuba, ahora ese mismo contexto global indica que la muy pesada mano de otra nueva guerra contra el terror debería llevarlas a dejar la mamadera de gallo y aprovechar la que podría ser la última ventana de diálogo con terroristas que pueda existir en mucho tiempo en todo el mundo.

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