Alguna vez te escribí desde Berlín. Estabas en nuestros deseos pero no eras una realidad. Ahora que estás en camino y te esperamos con ansias, siento que mi corazón es cada vez más sensible. Es tal vez una de las razones por las cuales casi no puedo contener mis lágrimas cada vez que entrevisto a familiares de las víctimas o sobrevivientes de este tiroteo en Orlando.
Frente al lugar donde ocurrió una de las peores tragedias en la historia de EE. UU., el peor tiroteo registrado en este país, no puedo parar de pensar en ti, querida hija, que recién te preparas para llegar al mundo. Debo confesar que es muy difícil encontrar una imagen de esperanza en medio de esta tragedia. Un monstruo con mente criminal y perturbada acabó con la vida de 49 inocentes y dejó heridos a otros 53. Aunque las autoridades buscan respuestas a su acción, la verdad es que nada puede explicar este terrible episodio.
En esta ocasión, un autodidacta en extremismo musulmán, luego de freír su cerebro con publicidad de odio por Internet, decidió que lo mejor que podía hacer para ganar indulgencias en la otra vida era terminar con muchas otras que no le pertenecían. Su objetivo fueron jóvenes de la comunidad Lgbt en un encuentro semanal de fiesta latina.
Las primeras investigaciones indican que el hombre era un homosexual reprimido. Mientras sostenía contactos con otros hombres por medio de redes sociales, denigraba a los que aman a personas de su mismo sexo. Guardo la esperanza de que cuando leas esto, el mundo sea más tolerante a las diferencias de sexo, raza, religión e inclinación sexual. Dios nos hizo iguales a todos y, sin importar lo que pensemos, estamos obligados a respetarnos y tratar de vivir en comunidad. Espero que los años nos enseñen que la eliminación total del oponente nunca es mejor que partir las diferencias. Por lo menos eso he aprendido con los años y las experiencias vividas.
Sentado en esta acera de Orlando, también debo expresarte que siento mucho dolor por la gente de este país que ha acogido a millones de inmigrantes, como yo, para escribir otros capítulos de nuestras vidas. Es una nación generosa que, como todas, tiene el reto de escapar del extremismo sin importar de dónde venga, y más en momentos de elecciones generales. Y por supuesto pienso en Colombia, esa que en estos días lucha por llegar a la paz. En nuestro país a diario hay tragedias que nos sacuden y que desgraciadamente sobrepasan a las anteriores, pero que en medio de lo más profundo de la oscuridad, por lo general muestran algo de luz al final del túnel.
Por eso, prometo hacer todo mi esfuerzo para criarte como una mujer independiente, abierta, segura, amorosa, generosa y comprensiva. Porque si cada uno de nosotros, que hoy nos enfrentamos al reto de ser padres, hacemos nuestro mejor trabajo posible, estaremos contribuyendo a que la sociedad dé un paso adelante en el futuro, para que tragedias como esta que hoy cubro contigo en mi mente, no vuelvan a ocurrir.