Dependiendo de la fuerza con la que se lanza un bumerán, es la fuerza con la que regresa. Eso es lo que con el paso del tiempo veremos si se aplica con la vida política del alcalde Gustavo Petro.
El viernes pasado tuve la oportunidad de entrevistarlo en el Palacio Liévano. Usted ya tiene su opinión, le comparto la mía. Nuestra conversación se dio cerca de su despacho, hasta donde llegaban los gritos de algunos de sus seguidores. En esta oportunidad vi a un Petro reflexivo, tranquilo, concentrado y estratégico. Diferente al hombre combativo y a veces disperso con el que me he encontrado en otras entrevistas.
Tras la entrevista, la cual agradezco, llegué a la conclusión de que el alcalde considera que la pelea con el procurador es una pérdida en el corto plazo. De sus declaraciones queda claro que reconoce que la ley y la Constitución permiten que un funcionario elegido en las urnas pueda ser destituido y que la Corte ya se ha pronunciado en casos similares y ha ratificado los poderes de la oficina del procurador.
Sin embargo, según él, la pelea va más allá y se concentra en el choque que existe entre nuestra Carta Magna y los principios que la rigen. El alcalde interpreta que nuestra Constitución permite que el llamado Ministerio Público destituya a funcionarios elegidos en las urnas, mientras que la Convención Americana que rige nuestro documento principal no lo aprueba, a no ser de que sea por un delito.
Se trata de una batalla más larga y que trasciende nuestro territorio nacional, pero que tiene el objetivo de permitirle tener una vida de funcionario público más allá de la destitución. Así las cosas, el alcalde no estaría pensando en quedarse atado a la Alcaldía, sino tener la posibilidad de regresar con fuerza a otro estamento político, que muy seguramente será la Presidencia de la República.
El alcalde también sabe que el proceso jurídico que lo tiene envuelto actualmente ha jugado a su favor en términos de popularidad. Es un botín nada despreciable que además gana en una oficina, que como la Alcaldía de la capital, tiende a desaparecerlo por las complejidades que representa su manejo.
Entonces el alcalde podría estar jugando a regresar con la misma fuerza con la que está siendo despedido de la Alcaldía. Entre más dura sea la sanción, más fuerte podría ser su regreso. Si Petro es finalmente destituido y luego los tribunales internacionales y un consenso local logran regresarlo a la arena política, muy probablemente será un candidato con mucha fuerza para buscar la Presidencia del país.
A Petro también le pregunté sobre sus similitudes con el expresidente de Venezuela Hugo Chávez. Me dijo que eran más de forma que de fondo. No pudimos ahondar más en el tema por falta de tiempo, pero seguramente el bumerán que ya fue lanzado nos permitirá seguir viendo si se trata sólo de una percepción o de una realidad.
**Luis Carlos Vélez