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El nuevo amarillismo es querer ser influenciador

14 de enero de 2019 - 12:00 a. m.

“El mundo virtual es precisamente eso: virtual”, me dijo hace menos de cinco años un amigo mientras conversábamos sobre el entonces joven matoneo en redes sociales. Hoy, su máxima ha perdido validez. Internet es tan falso y sus mentiras tan grandes y reproducidas, que deforma el pensamiento colectivo. Peligroso.

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La edición más reciente de la prestigiosa revista New York trae un artículo que titula: “¿Qué tanto de lo que hay en internet es falso? Resulta que mucho”. El documento asegura que año tras año menos del 60 % del tráfico en la red es humano y que el 2018 fue el momento en que el número de “bots”, robots cibernéticos que imitan el comportamiento humano para crear tendencias y crecer audiencias, superó al de los humanos. Fenómeno al que denomina: inversión. Un problema de todos.

Según el estudio, si las métricas de la red están infladas por “bots”, entonces las tan mentadas tendencias son irreales y si estas no obedecen al verdadero deseo humano, pero son usadas por las grandes empresas como YouTube, Facebook y Amazon para ofrecer sus contenidos, entonces el propio consumo está retroalimentándose con mentiras, es decir, manipulado virtualmente. “No solamente tenemos «bots» haciendo las veces de humanos, tenemos a humanos haciéndose pasar por otros humanos y a humanos haciéndose pasar por «bots» para hacerle creer a otros que la inteligencia artificial funciona”, un caos.

Pero Max Read de New York no se queda ahí y hace la misma reflexión para la política. Advierte que si en EE. UU. los republicanos acusan a los demócratas de asumir posturas políticas únicamente por obtener “likes”, mientras los demócratas señalan a los republicanos de aliarse con los rusos para afectar las elecciones, entonces estamos en un mundo político irreal.

En nuestra región está pasando lo mismo. Los políticos han entendido que una manera más directa y barata para llegar a sus potenciales votantes, sin tener que pasar por el escrutinio humano de la prensa, es a través del internet. No solamente han encontrado en Twitter, Facebook y WhatsApp lugares efectivos para diseminar su mensaje y cumplir con su objetivo, que es el de convencer inescrupulosamente al votante; si no que también han creado portales disfrazados de páginas de noticias para presentar una visión sesgada de la realidad y destruir a sus rivales.

El problema es que la influencia política virtual, que en esencia es manipulación, es cada vez mayor. Tal cómo lo define el artículo de New York , estamos llegando al momento de la inversión, es decir, al punto en el que las mentiras y las tendencias virtuales son tan fuertes, que terminan deformando la verdad y creando una nueva realidad.

Los medios también estamos perdiendo el norte. Algunas redacciones están aceptando hacer agenda periodística basados en tendencias y clics sin entender que el nuevo amarillismo es claramente querer ser influenciador.

La manipulación política del internet es una realidad. Que los medios estemos cayendo en el universo de la aprobación social de las redes elimina las pocas posibilidades de conversación, análisis y disertación en las que se fundamentan las democracias.

Es necesario que hablemos del tema. Un buen punto de partida es “21 lecciones para el siglo XXI”, del escritor israelí Yuval Noah Harari. El libro fue recomendado, entre otros, por Bill Gates como uno de los mejores del 2018.

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