Durante años Colombia ha ignorado internacionalmente la situación en Venezuela y ahora la comunidad internacional ignora lo que Venezuela le hace a Colombia.
Es muy sencillo, Colombia comió de su mismo cocinado. Los atropellos a la prensa, las violaciones a los DD.HH., las agresiones a la oposición, sus rutas de narcotráfico y su tolerancia con las Farc, siempre han sido temas que Colombia debió poner en conocimiento de la comunidad internacional.
La oposición venezolana siempre lo pidió. Fueron muchos los viajes de personajes como María Corina Machado e incluso el propio Leopoldo López, ahora encarcelado y a la espera de una condena de por lo menos quince años en prisión, a Bogotá para que Colombia intercediera internacionalmente por la democracia y la libertad en su vecino, pero eso no ocurrió.
Obviamente nadie va a desconocer todos los problemas que había y existen en casa, lo que llevó a Bogotá siempre a jugar un ajedrez limitado en las relaciones con Venezuela. La lógica que siempre guió describía que era mucho más lo que se podía perder que lo que se podía ganar si se metía en los problemas de Chávez y Maduro. Eso hasta cierto punto tenía sentido, teniendo en cuenta las vastas relaciones comerciales entre los dos países y la injerencia de Miraflores con las Farc. La matemática colombiana siempre fue: no nos metamos con Venezuela, porque hacen negocios millonarios con nosotros y pueden ayudarnos a convencer a las Farc de que hagan política y no guerra. Pero en ese juego se olvidó que en el momento en que el régimen vecino quisiera voltear la mesa en contra, el silencio internacional colombiano se convertiría en la voz venezolana.
Colombia puso todos los huevos en el mismo canasto y Venezuela los secuestró. Y lo que es peor, en medio del proceso, el gobierno de Caracas avanzó con fuerza en el ámbito internacional para buscar amigos que entendieran, interesados en su plata o compartiendo su misma ideología, su compleja situación con un vecino peligroso y volátil como Colombia.
Una estrategia paralela pudo ser una buena alternativa. Mientras se mantenía una distancia prudente, se pudo alertar a otros países con voz regional, como Panamá, de que si hay una alineación frente a la situación venezolana, se pueden tener herramientas de protección. Porque primero fue Guyana, ahora Colombia y mañana cualquier otro más.
Por ahora la única solución en el horizonte está en una reunión entre los presidentes Santos y Maduro. Pero debe ser claro que sólo será una solución de corto plazo. Colombia debe salirse del secuestro al que lo tiene sometido su vecino e ir avanzando en una agenda internacional; segundo, buscar caminos económicos alternativos que lo hagan menos dependiente de Venezuela, y tercero, avanzar rápidamente en el proceso de paz para que este no tenga nada que ver con lo que se dice en Caracas.