Todo parece indicar que los altos precios del dólar están para quedarse. La facilidad con que se ha roto la barrera psicológica de los $3.000 y su fuerte correlación con los precios internacionales del crudo señalan que la divisa extranjera encontrará en el tercer piso de los miles un nuevo terreno para instalarse cómodamente por un buen tiempo.
En la balanza de los factores que más empujan el valor del dólar en Colombia y la mayoría de las economías en vía de desarrollo están los precios de las materias primas que exportan, el comportamiento de la economía china, que las demanda, y las tasas de interés en Estados Unidos, que las financia. Es el triunvirato de las tres ces por sus nombres en inglés (commodities, China, currency).
En el caso de Colombia, el que más pesa es el del precio internacional del petróleo. La razón es que prácticamente la mitad de lo que exporta nuestra nación es crudo. Si el valor de esa materia prima cae, las exportaciones se derrumban. La baja del valor del petróleo ha llevado a que entren menos dólares en nuestro país y, como consecuencia, a que el billete verde sea más escaso y aumente su valor. Nada puede hacer Colombia para subir los precios internacionales del petróleo, estamos al albedrío de lo que determinen los mercados y/o los mayores productores árabes.
Los precios del petróleo continuarán bajos por un buen rato. La estrategia de la OPEP es disminuir los valores a un nivel que desestimule a las empresas estadounidenses a que sigan diseñando tecnologías de exploración que les permitan avanzar en su plan de ser independientes energéticamente. La Organización de Países Productores de Petróleo considera que tiene suficientes reservas para mantener esa situación de precios malos. ¿Lo logrará? Quién sabe. Lo que sí sabemos es que ese objetivo tomará un tiempo en surtir efecto. En estas condiciones Estados Unidos seguirá produciendo petróleo a una tasa considerable, ya que lo que empezó a explotar no lo puede detener. Las empresas ya rompieron tierra y están extrayendo. Para ellas es mejor tener el grifo abierto que esperar a ver qué pasa, dado que, a final de cuentas, la gran inversión ya se hizo.
Así las cosas, desde Colombia tendremos que seguir viendo el toro desde la barrera para asumir una nueva realidad del valor del dólar y de nuestras exportaciones petroleras. Es un gran reto y un cambio de mentalidad que nos obligan a pensar diferente y nos fuerza nuevamente a ser un país productor e industrial y no uno consumidor, perezoso, jugando a ser nuevo rico. El reto es que el Gobierno aproveche esta realidad para empujar la creación de empleo y el renacimiento de nuestra producción. Es una oportunidad de oro porque nuestros vecinos no producen nada y, gracias al auge del petróleo, se nos estaba olvidando la gran oportunidad de convertirnos en una verdadera despensa de América.
Entretanto en Venezuela, el bolívar ya se cotiza en más de 600 por dólar. El coctel de pobreza e inflación ha estallado y se está llevando por delante la economía de la frontera. Por eso, en lugar de estar mandando soldados a evitar el contrabando, Maduro debería estar concentrándose en un verdadero manejo de su moneda. Los problemas económicos se manejan con economía y no con botas y fusil. Pero bueno, la realidad es que hace rato en Venezuela todo se arregla con represión, castigo, fusil y calabozo.