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Encuentro, no diálogo

13 de abril de 2014 - 10:00 p. m.

Con mucha promoción y expectativa se llevó a cabo el jueves el encuentro entre representantes del gobierno y de la oposición en Venezuela. Fueron seis horas de monólogos y poco de diálogo. Mucho señalamiento, nada de reconocimiento. Una noche larga de discursos para el público, pero de ausencia de la verdadera búsqueda de construcción de país. Un encuentro de cuerpo presente pero carente de la intención de escuchar para conceder e incluir.

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La puesta en escena fue tan postiza que en pleno discurso de Henrique Capriles, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, mientras hacía caras de político civilizado, publicaba insultos en Twitter: “Definitivamente el asesino fascista Capriles tiene problemas, no entiende que perdió las elecciones de abril”. Pero se pueden rescatar varios elementos que nos muestran como se está reacomodando el panorama político de esa nación.

Primero. Capriles recuperó el liderazgo opositor. La ausencia de Maria Corina Machado y obviamente del ahora preso Leopoldo López, dejó claro que la oposición está divida y que hay una lucha entre López y Capriles para definir quién es el verdadero líder.

Antes de las manifestaciones y posterior detención de Leopoldo, el hombre que llevaba la batuta de los opositores era Capriles. El encarcelamiento con tintes de inmolación de López lo había dejado en un segundo plano. El ala más fuerte de la oposición, que alentaba las protestas estudiantiles, empezó a opacar al otro sector antigobierno que antes del inicio de las protestas ya estaba encontrando algún tipo de interlocución con Maduro.

Sin embargo, tras el encuentro de las partes del jueves, 41 muertos y semanas de manifestaciones, nos encontramos en el mismo escenario de febrero cuando empezó esta nueva etapa de descontento. Es decir, con un liderazgo opositor encabezado por un Capriles dispuesto a transar y un ala más combativa, personificada en López, por fuera de la conversación.

Segundo, Nicolás Maduro demostró que está lejos de irse. Aunque le llovieron las críticas en su propio palacio de gobierno –reconociendo que las que mandan en Miraflores son las hijas de Chávez, que se niegan a dejar las comodidades del poder–, Maduro tiene el sartén por el mango. Llevar sólo a un segmento de la oposición profundiza las divisiones en sus enemigos políticos y lo deja ganador.

Y tercero. Unasur logró lo que quería. Defendió el estatus quo que tanto beneficia a sus estados miembros, sanguijuelas de una Venezuela compradora de conciencias internacionales con petróleo y tentáculos con la guerrilla. A nadie de los auspiciadores de esa reunión disfrazada de diálogo le interesa una oposición unida que siga capitalizando en las falencias del gobierno y el cansancio de la gente. Bajo este régimen muchos ganan y no hay una estrategia mejor en estos casos que la de dividir para reinar.

 

 

*Luis Carlos Vélez , Director Noticias Caracol

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