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La incertidumbre llamada Trump

01 de enero de 2017 - 06:00 p. m.

En medio de las elecciones en EE. UU., cuando me preguntaban si Trump iba a ser presidente, siempre respondí que cualquier cosa podía pasar. Desde las primarias mantuve un alto nivel de escepticismo frente a quienes lo descartaban del todo. Incluso, una vez mis compañeros de 6 AM de Caracol Radio apostaron contra mis pronósticos que no descartaban que pudiera ganarle a Hillary Clinton en el colegio electoral.

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¿Por qué tenía esa sensación, a pesar de que las encuestas daban un 90 % de probabilidad de victoria para la candidata demócrata? Dos razones no científicas. Una: los únicos a los que oía en la calle hablar mal de Trump eran los periodistas, los demócratas registrados y los llamados especialistas. Y dos: la lección que me dejó una de las primeras coberturas que supervisé para televisión en EE. UU. sobre la campaña electoral. Enviamos un equipo de periodistas con un LiveU para transmitir en directo desde Phoenix, Arizona, donde hay una significativa población hispana, a cubrir la primera visita de Trump como precandidato. Esperábamos masivas manifestaciones tras sus comentarios racistas contra los mexicanos, pero para nuestra sorpresa vimos que no todos estaban indignados y entre los que lo esperaban sin insultos estaba un grupo significativo de hispanos con carteles de bienvenida. Al preguntarles por qué apoyaban a Trump, nos respondieron que él iba a asegurar la frontera para evitar la entrada de los indocumentados que ingresaban al país y en su primera escala a la unión americana muchas veces no tenían otra opción que buscar refugio y comida en sus casas, afectando casi diariamente sus condiciones de vida. Es decir, no necesariamente el tema migratorio era el más importante ni la llamada solidaridad de raza era infalible.

De cara a lo que se viene este año, sigo pensando que el gobierno Trump será un tiro al aire. No hay manera de predecir con algún grado de certeza si su administración será buena, mala o pésima. Cualquier cosa puede pasar.

En términos económicos, los mercados han celebrado con ganancias récord la llegada del magnate a la Casa Blanca. Los indicadores se dispararon después de conocerse los resultados electorales y desde entonces se mantienen al alza. Los inversionistas le apuestan a que Trump eliminará algunas restricciones financieras impuestas tras la crisis financiera del 2008 y a que aumentará el gasto para reconstruir la ya vieja infraestructura nacional. Eso puede traer tantas cosas buenas como malas. Mayor gasto significa mayor endeudamiento y al tiempo una más alta inflación, que se combate con altas tasas de interés para evitar el desempleo. Pero esa es sólo una posibilidad teórica, ya que el juego económico de EE. UU. también se alimenta de las expectativas de orden público y amenazas terroristas.

En términos migratorios, nada es lo que parece. El presidente Obama, que llegó a la Casa Blanca con un inmenso apoyo de los latinos, resultó ser el mandatario estadounidense que más inmigrantes ha deportado en su gobierno.

Más de 2,7 millones de personas fueron regresadas a su país durante sus ocho años en Washington. ¿Trump lo superará? Un récord es un récord.

En un mundo cada vez más conectado, lo que haga Trump en EE. UU. marcará inmensamente nuestras vidas en la región. Desde lo económico hasta lo geopolítico. Bajo su responsabilidad no sólo está el futuro de su nación sino también, innegablemente, el de gran parte del mundo. Que Dios lo ilumine, ya que en este barco vamos todos.

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