El episodio de Fabián Vargas ha dejado claro una vez más que nuestro país está muy lejos de encontrar una verdadera paz y reconciliación. No hay explicación sobre la manera en que actuó este hombre y mucho menos, como reaccionaron las partes involucradas. Empiezo por el acto del señor Vargas. ¿Qué lleva a un hombre a convertirse en espontáneo de una manifestación y asumir un papel protagónico de violencia? ¿Qué motiva a alguien a salir encapuchado y actuar como criminal llevando una pistola de fogueo, pararse frente a un grupo de policías y disparar? Aunque su acto no amerite castigo bajo los parámetros de nuestras débiles y amañadas leyes, no significa automáticamente que lo que hizo esté bien.
Tampoco está bien la reacción de aquellos que se sintieron aludidos con su actuación. Al conocerse las imágenes, los promotores de la marcha que enmarcaron el incidente dejaron claro que el pistolero no tenía que ver con ellos. Era lo correcto. Pero otros, como Andrés Gil, de Marcha Patriótica, empezaron a manejar la tesis de que Vargas era un infiltrado para ensuciar el movimiento y acto seguido me sindicaron en redes de estar vinculando las marchas con Vargas. Falso. Nunca lo hice. Es más, en varios trinos antes de esta columna, lo aclaré.
Sobre el tema publiqué un trino que decía: “El sicario del centro de Bogotá vestía múltiples marcas reconocidas, muy coherente con su rechazo al capitalismo…”. Fue una expresión sarcástica, que incluyó puntos suspensivos y no fue una afirmación. Pero ladrón juzga por su condición y ahí empezaron los señalamientos de Gil. La diferencia entre usted y yo, señor Gil, es que usted representa una ideología y yo a nada ni a nadie. Soy un simple periodista que escribe y habla desde su propia percepción, tal vez muchas veces equivocada, pero sin fanaticada ni gente que movilizar. Usted sí. A sus señalamientos en internet, llegaron otros trinos incluso desde la mismísima cuenta de Marcha Patriótica, organización a la que usted pertenece, atacándome. ¿Maneja usted la cuenta de ese grupo? ¿Dicta los trinos? ¿Quién la maneja?
Usted me señala de estigmatizar con mi trino, algo que de nuevo no he hecho y se lo aclaré en internet; sin embargo, me estigmatiza y continúa y atiza. Usted conoce bien lo que produce ese fenómeno, ese mismo que hace que a usted en los aeropuertos injustamente le pregunten a qué frente de las Farc pertenece. ¿Coherencia? ¿Qué busca en realidad?
La paz la pisotean muchos que como usted operan bajo la estrategia de esconderse en la figura de víctimas para ser verdugos. Entre tanto, decir que no me amilano por sus acosos e insultos o las amenazas de sus seguidores o trolles en las redes. Seguiré trinando con sarcasmo de lo que me venga en gana y haciendo uso de mi libertad de prensa. Esa misma que algunos desde su trinchera atacan, pero que cuando llegan al gobierno compran o crean para defender sus ideales. Porque para muchos como usted, el mundo se divide entre ellos o nosotros, pero nunca se entiende cómo debería ser: el de todos.