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Más trabajo, más descontento

01 de diciembre de 2013 - 05:00 p. m.

La noticia del año se registró esta semana. Los datos de desempleo anunciados por el DANE son simplemente los mejores en la historia de nuestro país.

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Por primera vez, somos más de 22 millones de personas las que tenemos trabajo.

El desempleo en octubre cayó a 7,8%, su nivel más bajo desde que se empezó a medir mensualmente en 2001, y el número de desocupados estuvo por debajo de los dos millones, algo que no se registraba desde 2007. En términos regionales, estos números también nos ubican en una destacada posición continental. Así las cosas, en cuanto a empleo estamos en mejores condiciones que Venezuela, Paraguay y Argentina, aunque por debajo del promedio regional de la Cepal en 6,7%.

Pero la realidad es que de datos no come el pueblo, tal vez por eso, a pesar de las cifras, la gente no se siente bien ni está feliz. Sólo bastó con publicar en Twitter la cifra de desempleo para que me llovieran insultos de personas que aseguraban que la estaba informando para hacerle favores al Gobierno. Que la mermelada me tenía engolosinado y que por eso estaba hablando bien de la actual administración. Algo que no es cierto, por que Colombia es mucho más grande que Santos y Uribe, pero que sí permite entender que no sólo la polarización política nos impide ver como sociedad los avances que hemos logrado, sino que, de la misma manera que pasa en otras latitudes, a medida que tenemos más, deseamos más y somos más infelices.

A nivel global, las grandes manifestaciones han tenido lugar donde también se han registrado avances económicos y sociales. Turquía y Egipto son ejemplo de ello. Luego de que en esos países se mejoraran los indicadores de calidad de vida, la gente empezó a desear mejores condiciones y por lo tanto a crecer el nivel de descontento. Allá terminó en una búsqueda de valores democráticos y acá no sabemos en qué terminará, por lo que es importante entender la manera en que debemos canalizar esa energía.

Es ahí donde políticamente nacen muchas preguntas. Un país que tiene más empleo, tiene más oportunidades, más voz y por lo tanto más fuerza. Entonces, ¿hacia dónde direccionarla? Una alternativa peligrosa es la de caer en los espejismos que nos ofrecen sociedades como la venezolana o la argentina, que en busca de modelos menos inequitativos terminan destruyendo los avances económicos del pasado. La otra es la de fortalecer la sociedad, enamorar al pueblo de la posibilidad real de construir nación con pertenencia y oportunidades para todos.

Por eso, el verdadero reto político de Colombia, a la luz de los números, no es solamente el de la paz o el fin de las mezquindades de la guerra. Es en realidad el de acabar con la corrupción de los mismos, las groserías de los políticos y las mentiras de los oportunistas. Por que está claro: los colombianos estamos trabajando más, estamos ganando más, estamos entendiendo más, nos estamos comparando más, y por lo tanto sintiendo más mal.

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