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Medellín: estigma y realidad

05 de octubre de 2014 - 09:36 p. m.

La semana pasada, Medellín fue escenario del delicioso Premio de Periodismo Gabriel García Márquez.

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La ciudad estuvo hermosa como siempre para recibir a más de 100 periodistas representantes de 20 países y ser plataforma de talleres y coloquios sobre nuestra profesión y la libertad de expresión. Sin embargo, en los pasillos, los periodistas locales hablaban de otro tema, la dificultad de reportar en una ciudad obsesionada con su imagen nacional e internacional. Algo paradójico, ya que mientras en los salones se exaltaba la necesidad de un periodismo sin mordaza, afuera había gran preocupación por la presión de las autoridades locales para que sólo se publiquen cosas buenas sobre la capital antioqueña.

Los colegas de Medellín se quejan del asedio de varias instituciones gubernamentales para “sacar cosas positivas”. Incluso, aseguran, han sido víctimas de llamadas e insultos de algunos jefes de prensa y directores de medios locales que sólo quieren notas que “hagan ver bien a la ciudad”.

Esa obsesión se materializó nuevamente con la publicación de una nota del Canal 4 de Londres, en la que un periodista peruano calificaba a Medellín como un gran burdel. Una noticia que, aunque con un titular algo injusto, sí puso el dedo en la llaga de uno de los fenómenos más visibles en las noches de la ciudad. Para darse cuenta de la proliferación de la prostitución en el lugar, sólo se debe pasar entrada la noche por Las Terneritas, el Parque Berrío, el Parque Lleras, Lovaina, la 33, El Raudal, o llegar tarde al Hotel Intercontinental, donde a tan sólo metros de la entrada se puede ver a jóvenes de ambos sexos buscando clientes.

El problema no es, como me dijo el propio alcalde Aníbal Gaviria, que esto no es problema, ya que la prostitución no es un delito, si no que la ciudad y sus gobernantes no estén abiertos a esta clase de reportes para ver su propia realidad.

De la misma manera tuve la oportunidad de conocer múltiples denuncias de madres de familia que aseguran que sus hijas han sido asesinadas y tiradas al río. Un tema que, según la administración, se está investigando, pero que no es representativo ya que en Medellín los homicidios están en sus niveles más bajos en décadas. Nuevamente, un tema de percepción o realidad.

Precisamente, sobre las muertes violentas también hay versiones preocupantes. Son muchos los que aseguran que la “paz” que se vive en la ciudad es producto de un acuerdo entre las bandas criminales que manejan la extorsión y el narcotráfico y no necesariamente del trabajo de las autoridades.

La pregunta entonces es: ¿cuál es el verdadero estado de la ciudad? Ese que se rumorea en las calles o el que nos aseguran las autoridades. Es verdad que la capital antioqueña que tanto queremos es muy diferente a esa plaza oscura de hace 20 años, pero los avances que se han logrado con muchas muertes de por medio fueron obtenidos dando un primer paso determinante: el reconocimiento del problema. Nadie quiere estigmatizar a Medellín, por el contrario, simplemente sus habitantes y su prensa no quieren que viva en una nube de ilusión que termine en una gran decepción.

* Director de Noticias Caracol

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