Imagine que su hijo o su hija le cae mal a alguien del colegio. Eso es algo normal, nos pasa a todos. Pero para este ejercicio piense que esa persona que no quiere a su pequeño o pequeña imprime fotografías, las distorsiona y las pega en las paredes de todo el establecimiento educativo e incluso en la calle de su barrio para atacarlo.
¿Usted qué haría? ¿Cómo reaccionaría? ¿Buscaría un castigo para el agresor? Pues en realidad esto le puede estar pasando en este momento a usted o a su hijo en la red. Imprimir fotos o mensajes con burlas y pegarlas en las paredes es exactamente igual que divulgar un mensaje ofensivo en Twitter, Facebook o Instagram. La única diferencia es que si se hace en internet, la divulgación del mensaje es mayor y por lo tanto el daño es más destructivo todavía.
Los comportamientos de abuso en la red trascienden el mundo virtual. Allen Halkic tenía 17 años cuando decidió quitarse la vida en Australia. Después de una investigación de las autoridades se determinó que el menor prefirió la muerte antes que seguir recibiendo mensajes virtuales con amenazas y burlas por parte de un compañero de estudios. Un caso similar fue el de Amanda Todd, una canadiense que en 2012 hizo pública en las redes su historia de acoso virtual y se suicidó.
En nuestro país son miles los casos de abuso en las redes. En su mayoría las víctimas son menores de edad, blanco del odio irresponsable de gente sorprendentemente cercana. Sin embargo, tal y como lo vimos en los informes de Valeria Chantré y Juan Diego Alvira en Noticias Caracol, la Fiscalía no tiene registros sobre el número de incidentes de este tipo. La razón es que el ciberacoso no es considerado un delito, aunque se trata de una práctica asociada con delitos como la injuria, la calumnia y la discriminación.
La libertad en la red es precisamente una de sus más importantes características. El intercambio de información ha permitido que la educación y la democracia se abran espacio en el mundo, pero la realidad es que hasta la libertad de expresión virtual debe someterse a las normas y derechos que establece la ley.
Los medios de comunicación también están en proceso de ajuste a los escenarios que ofrecen las nuevas tecnologías, pero como regla general debería establecerse que lo que no pueda salir al aire por no cumplir las normas editoriales, tampoco debería ser publicado en las redes sociales ni en las cuentas del medio ni de sus periodistas.
Twitter también está tomando medidas y analizando el ciberacoso. Tras el retiro de Twitter e Instagram de la hija de Robin Williams, luego de haber sido objeto de burlas y ataques después de la muerte de su padre, la red social anunció que reforzará el monitoreo de cuentas abusivas.
También debería haber un esfuerzo internacional para obligar a las plataformas sociales virtuales a que sólo autoricen cuentas de aquellos que acepten identificarse y por lo tanto hacerse responsables de sus afirmaciones. Finalmente los expertos sostienen que la mayoría de los acosadores son anónimos y los caracteriza la cobardía.
Las palabras pueden tener la capacidad de matar, incluso las que salen desde el mundo virtual. Por eso, con cabeza fría, y luego de contar hasta tres, piense antes de pulsar “enviar”. Por eso lo invito a que se una a la campaña de #NoAlCiberAcoso.