Aunque mi conexión con Colombia es obvia, sumando y restando llevo doce años viviendo en Estados Unidos.
He tenido la oportunidad de decirle hogar a Boston, Houston, Atlanta, Nueva York y Miami. Han sido años y lugares que me han permitido ver lo grande, diversa, diferente y, sobre todo, impredecible que es esta nación. Algo que he confirmado en este controversial año electoral.
Lo digo porque al principio de toda esta carrera el nombre de Donald Trump era considerado todo menos una posibilidad real. Hace menos de un año el apellido del millonario – celebrida era eclipsado por otros políticos de experiencia y pedigrí como Bush, Rubio, Cruz, Ryan, Perry e incluso Santorum, que empezaron la disputa por la nominación del partido Republicano. Pensar que Trump llegara a donde está ahora era una apuesta casi irracional. Estábamos equivocados.
Aunque se ve lejos, no fue hace mucho que el prestigioso diario digital Hufftington Post decidió cubrir su campaña desde las páginas de entretenimiento. Lo hizo tras su primera andanada de declaraciones controversiales sobre los mexicanos. Muchos pensaron que había sido un error fatal, muy difícil de superar, pero nuevamente fuimos sorprendidos. La campaña de Trump demostró tener un gran teflón, uno capaz de repeler cualquier tipo de acciones en su contra o declaraciones subidas de tono que luego incluyeron a los musulmanes, a las mujeres y más recientementete a la prensa.
Cuando me preguntaban al principio de la contienda partidista si le veía futuro a Trump, mi respuesta muchas veces fue no, pero con el paso de los días, la reacción de los medios y sobre todo las encuestas, he cambiado mi pensamiento. Por eso, ahora que Trump es el virtual candidato republicano y me preguntan si puede ser presidente de Estados Unidos, mi respuesta es: cualquier cosa puede pasar.
Según el más reciente sondeo de NBC/Survey Monkey, la pelea Trump – Clinton está cerrada. Mientras 47% apoya a Clinton, 45% respalda a Trump. Teniendo en cuenta que la encuesta tiene un margen de error del 3%, se debe concluir que están empatados. Pero tal vez lo que más me sorprende es la evolución que Trump ha tenido en el voto hispano. Según los datos de la misma encuesta, Trump pasó de tener 28% de respaldo hispano a principios de mes, a lograr 32% para finales de mayo. Clinton por su parte, en lo que tiene que ver con el público latino, ha permanecido con el 61% de las preferencias. ¿Qué es lo que está pasando? Difícil de explicar. La realidad es que los números están mostrando un empate firme en el público general que hace anticipar que la radicalización de las posturas con el paso de los días está más que asegurada.
Recuerdo, sentado en la redacción de CNN el día de las elecciones de 2008, la noche en que ganó Barack Obama. Una compañera afroamericana, con los ojos aguados, se me acercó y me dio un beso en la mejilla. Me dijo que si Estados Unidos era capaz de elegir como comandante en jefe a un hombre negro nacido en Hawai, sin barones políticos que lo respaldaran, llegaría el día en que un hispano como yo llegaría a la Casa Blanca. Remató afirmando «esta es una nación impredecible». Hoy la recuerdo claramente y creo que tenía razón en todo sentido. No solo estoy seguro de que algún día cercano un hispano despachará desde el Despacho Oval, sino que también al ver lo que está pasando con Trump, coincido, aunque tal vez en otro sentido, en que Estados Unidos es de hecho una nación impredecible.