Pensar que las Farc no están haciendo política actualmente es algo equivocado.
Son múltiples las organizaciones que disfrazadas de grupos de reivindicación rural trabajan en zonas perimetrales del país. Su labor se realiza a todo vapor para servir como plataforma política de líderes que comparten muy de cerca los argumentos que manejan los negociadores de la guerrilla en La Habana. Incluso, los organismos del Gobierno manejan información sobre una existente y permanente comunicación entre las partes para establecer mesas de negociación paralelas y liderar manifestaciones en momentos en que se necesita ponerles mano dura a las conversaciones con el Gobierno. Por mucho que nos duela, hoy el problema con las Farc es más político que armado. Con la política pueden conquistar el poder, con las armas está demostrado que no. Hasta el momento, el hambre corrupta de la mayoría de los que nos representan no les ha permitido ver a los políticos tradicionales que el discurso de reivindicación social con el que se disfraza la guerrilla consigue muchos adeptos en una nación que se caracteriza por ser una de las de mayor inequidad de América.
Las victorias de Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y de cierta manera de Rafael Correa en Ecuador han demostrado que aquel que se apropie del discurso de la reivindicación social en escenarios económicos como el nuestro termina ganando la Presidencia. La guerrilla lo ha visto así y ese es uno de sus incentivos para sentarse en la mesa de diálogo. También fue el discurso que el propio Hugo Chávez les vendió cuando intercedió por el proceso de paz de nuestra nación. Es por eso que en virtud de su estrategia de combinar todos los mecanismos de lucha vienen trabajando intensamente para ingresar a la sociedad civil con el camino avanzado.
Así las cosas, ¿qué estrategia están jugando los partidos políticos tradicionales y el establecimiento para enfrentarse a un nuevo enemigo político que, una vez legitimado, los encontrará divididos y desprestigiados? Hacer el análisis debe servir de campanazo de alerta a todo aquel que hace parte del mundo político actual. Tanto la derecha como la izquierda, el Centro Democrático, la Unidad Nacional y el Polo Democrático deben entender que ya no les queda tiempo para actuar como se debe. De lo contrario, un nuevo movimiento, disfrazado de Robin Hood, llegará para arrebatarles el poder. Colombia debe seguir muy de cerca lo que ya pasó en las naciones vecinas para no cometer el mismo error. La paz con las Farc llegará tarde o temprano, por lo que combatir el proceso actual no es una estrategia acertada. Por lo tanto, es imperativo darse cuenta de que el verdadero frente de batalla ya no está en la selvas sino en la política. Para los que la hacen, es finalmente la hora de hacerlo bien. De trabajar por la sociedad y no por escudarse en el poder. De buscar lo mejor para la comunidad y no para perpetuar la riqueza de los de siempre. De lo contrario, serán sólo ellos los culpables si en unos años un Hugo Chávez a la colombiana ocupa indefinidamente el Palacio de Nariño y columnas como esta no se puedan volver a escribir.
*LUIS CARLOS VÉLEZ