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Una nueva realidad económica

26 de julio de 2015 - 07:28 p. m.

El precio del dólar está por las nubes y probablemente se va a quedar allí.

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Dos factores hacen que esta situación sea difícilmente reversible. Primero, las materias primas. Colombia se benefició en los últimos años de tener petróleo y venderlo caro. Eso dio pie a la generación de los Pacific de turno y los días de abundancia de Ecopetrol. El alto valor en el mundo hizo que las ventas de nuestro crudo representaran millones de dólares entrando al país. Y segundo, la valorización relativa de la Nación. Es decir, el atractivo que adquirió el país como lugar para invertir tras la crisis que afectó a EE.UU. en 2008, cuando se reventó la burbuja inmobiliaria que desembocó en recesión. Como consecuencia, EE.UU. bajó sus tasas de interés para reactivar su economía, pero al tiempo incentivó a los inversionistas internacionales para que buscaran mejores tasas en mercados emergentes como Colombia. Lamentablemente, ambos factores llegaron a su fin.

El precio internacional del crudo empezó a bajar por efectos de la oferta y la demanda. EE.UU. empezó a producir más crudo y a ser energéticamente independiente. Recientemente llegó a un acuerdo con Irán, el cual permitirá la entrada de millones de barriles de crudo al mercado.

Del lado de las tasas de interés, el escenario también es diferente. La recuperación económica de la unión americana es evidente y por lo tanto la Reserva Federal ha vuelto a su plan de contener la inflación. La Fed dejó abierta la puerta para que, antes de que termine 2015, suban sus tasas de interés. Esto a nivel internacional significa que los inversionistas recompondrán sus portafolios y buscarán retornos altos en lugares más seguros, como EE.UU., y los sacarán de los mercados emergentes como Colombia. En otras palabras, los días de petróleo caro y niveles récord de inversión extranjera son cosa del pasado.

Esta nueva realidad económica deja claras dos cosas: que ni el expresidente Uribe era un genio económico, ni el presidente Santos es un desastre. Lo que estamos viviendo es un ajuste internacional de grandes proporciones que cambia los portafolios de inversión global, algo que desafortunadamente nos afecta. Los años de Uribe fueron buenos económicamente en gran parte por los vientos financieros mundiales a su favor, sin desconocer que la seguridad democrática fue una condición multiplicadora, y ahora el viento de cola internacional que arrastra la economía local se hace sentir fuertemente.

Lo que se viene es duro. Es un reto que genera incertidumbre. Lo mejor en este tipo de escenarios es enfrentarlos. Esta administración no se puede dar el lujo de aplicar nuevamente la estrategia de desconocer la situación mediáticamente. Se entiende que no se quiera generar pánico, pero el tal problema económico sí existe.

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