La respuesta de los gobiernos no debería ser tan difícil en un mundo en que la inflación ha sido prácticamente “controlada” pero la demanda no reacciona. En Colombia, para superar el bache petrolero, tendremos que endeudarnos.
El mundo no acaba de salir de la crisis originada en el sistema financiero en 2008: Estados Unidos, dónde se empleó a fondo el arsenal de políticas disponibles, apenas comienza a levantar la cabeza con un crecimiento tímido, ligeramente superior al 2%, que se empieza a ver afectado por la la inequidad en la distribución del ingreso, recordada la semana pasada en su columna por Paul Krugman, que pone límites al crecimiento por la baja demanda.
En Europa la cosa es más complicada y después de 6 años aplicando conocidas recetas restrictivas, la inflación no es problema por la escasa dinámica de la economía y unos niveles de desempleo superiores al 10% en la Unión; al 24% en España; al 5.0% en Alemania y al 13% en Italia. Por su parte el crecimiento de su PIB, en conjunto, no superará el 1% en 2014 y el 1.3% en 2015.Las expectativas no son buenas lo que ha llevado a replantear las recetas tradicionales y ya el Banco Central Europeo se alista para comprar deuda soberana, lo que hace apenas unos meses se consideraba imposible; incluso, en varios países, ponen en entredicho conveniencia y límites de la regla fiscal que hasta hace poco parecía indiscutible.
La capacidad de compra de la población mundial mejoró en 2014 por la caída en los precios del petróleo y la sustitución de producciones más caras por importaciones baratas provenientes en su mayor parte de China cuyo crecimiento, pese a ello, es pronosticado en 7.4 en 2014 y 7.1 en 2015.Tan solo India y los países de la ASEAN muestran perspectivas ascendentes.
En América Latina el crecimiento esperado es de 1.3% en 2014 y se estima una ligera recuperación, hasta 2.2%, en 2015.Colombia con unas perspectivas, en cualquier caso, por encima del 4% ha sentido el impacto de los bajos precios del petróleo y el encarecimiento de las importaciones por la subida del dólar. A pesar de un escenario complejo en términos fiscales, que ha llevado a replantear la política tributaria, y cambiarios, quiere mantener sus niveles de gasto público hasta dónde sea posible, lo que es en realidad una perspectiva correcta aunque, en algún momento, debamos endeudarnos.
A nivel mundial, a pesar de las recomendaciones de los bancos centrales y los organismos multilaterales de crédito, las respuestas a la mala economía han sido contradictorias: los Estados Unidos mantuvieron e incluso aumentaron los niveles de gasto público mientras en Europa, bajo la influencia de Alemania, hicieron, hasta ahora, lo contrario. Una vez más un problema global fue atendido con respuestas parciales y locales lo que explica el ambiente de incertidumbre, los bajos niveles de crecimiento y los millones de desempleados que tenemos seis años después.
Ayer, justamente, en una nota publicada por El Espectador, el ex secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan se refería a este asunto al señalar que “…la mundialización puede haber aportado muchos beneficios, pero también ha socavado la capacidad de las sociedades para determinar sus propios destinos. Muchos problemas modernos —incluidos la evasión fiscal, la delincuencia organizada, la inseguridad cibernética, el terrorismo, el cambio climático, la migración internacional y las corrientes financieras, lícitas e ilícitas— tienen una cosa en común: los instrumentos tradicionales de un Estado soberano se han vuelto insuficientes para combatirlo”.
Un editorial de El País de España, uno de los países más golpeados por la crisis, advertía la semana anterior sobre la necesidad de mejorar la capacidad de compra de la población, por la vía de los salarios, y aumentar los niveles de gasto para acabar de salir del hueco. Pero si se aumentan los salarios ¿Cómo se hace con la competencia China, por ejemplo? Estamos en un periodo de profunda reestructuración de la economía mundial en que los remedios habituales no surten los efectos habituales. Lo que ha confirmado esta crisis es que los gobiernos no pueden esperar, de brazos cruzados, a ver qué ocurre. Parece llegada la hora de una mayor intervención, con aumento del gasto público y salarios dónde sea necesario y una mínima, pero efectiva, concertación global de las políticas. Bienvenido, 2015.
@herejesyluis.