La doble vuelta para elegir alcalde en Bogotá, como se ha propuesto en el congreso, es necesaria, pero no aislada de otras dimensiones, como la reforma política que también hace curso en el congreso; la actualización del Estatuto Orgánico, luego de 25 años, y la reestructuración del actual esquema administrativo fundamentado en 20 localidades; la reglamentación de consultas ciudadanas en decisiones importantes, y otras formas de selección de contralor y personero.
El mecanismo de elección de alcalde en Bogotá en una sola vuelta ha hecho posible que triunfen minorías lo que ha dificultado su desempeño y gobernabilidad. Seguramente ese sea el argumento más fuerte de los representantes por Bogotá para iniciar el proceso de reforma del artículo 323 de la Constitución, lo que va a requerir un tremendo esfuerzo para las ocho vueltas que se necesitan. ¿No vale la pena aprovechar la circunstancia para una reforma, indispensable, de mayor calado?
En efecto, en las dos últimas elecciones Petro y Peñalosa ganaron la alcaldía con el 33% de los votos. En las anteriores el fraccionamiento no fue tan notorio: en 2007 elegimos alcalde con 43.7%; en 2003 con 46.3%; en 2000 con 43.7%; en 1997 con 48.9% y en 1994, el campeón Mockus, con 64.5%.Con mayor o menor arrastre electoral todos han podido gobernar y conformar coaliciones que les permitieron funcionar, mientras problemas de la ciudad, como transporte e inseguridad, han continuado en ascenso, como si les fuera indiferente el porcentaje de votación con que fueron elegidos.
Así que la doble vuelta puede mejorar la gobernabilidad pero no garantiza, per se, mayor eficiencia en la gestión de los gobiernos ni solución de los problemas ciudadanos. Paradójicamente, por ejemplo, gobiernos con mayor votación que el 33% incubaron lo que hemos conocido como el Carrusel de la contratación en Bogotá con participación en él de organismos de control nombrados por coaliciones mayoritarias en el concejo en las que, por lo general, participaron los alcaldes.
El Estatuto Orgánico también debe ser actualizado. Después de25 años la ciudad y las tecnologías no son los mismos. Se nos ha olvidado que varias de las hoy localidades antes eran municipios y que millones de personas, como en Soacha, Chía o Zipaquirá, “viven” o trabajan en Bogotá, pero su administración está desarticulada. El área metropolitana y la Bogotá- región, vislumbradas en la Constitución para hacer más eficiente la administración y el uso de los recursos públicos, son, aún, tareas pendientes.
Las mismas 20 localidades, sobre las que se edificó el actual esquema de administración no corresponden a realidades culturales, como se pretendió en algún momento, y, por otra parte, disgregan el esfuerzo administrativo: si bien la ciudad no se puede conducir adecuadamente, exclusivamente desde el palacio Liévano, la actual fragmentación tampoco ayuda. ¿No convendría crear 4 o 5 grandes distritos que las agrupen haciendo la ciudad más gobernable?
Una mejor Gestión no se refiere solamente al andamiaje administrativo y tiene que ver, más bien, con el involucramiento cotidiano de la ciudadanía en las decisiones públicas, tarea que hoy se puede hacer de manera más sencilla mediante el uso de aplicaciones. A estas alturas de la revolución digital es increíble que una discusión sobre el tipo de metro que necesitamos, por ejemplo, no se resuelva con una sencilla consulta ciudadana debidamente reglada.
¿Vamos a seguir eligiendo contralor y personero de la misma forma en que lo hemos hecho, con una coalición mayoritaria y amañada en los concejos a pesar de los rotundos y demostrados fracasos? ¿Los casos de Neiva y Cartagena, en que la fiscalía ha demostrado la naturaleza corrupta de esas coaliciones, no sirven como muestra para Bogotá?
Así que bienvenida la doble vuelta para elegir alcalde, pero no como rueda suelta.
La factibilidad de intentar, con éxito, una actualización de las normas relacionadas con Bogotá requiere de un alcalde y un presidente interesados. Con capital político suficiente y considerando los tiempos que requiere una reforma importante. A Peñalosa le queda poco más de un año en el gobierno. En esas condiciones ¿Quién la puede promover? Le corresponde al presidente, quien está iniciando periodo. La ciudad la necesita con urgencia.