No parece tan claro que, de no prosperar su destitución, Petro sea revocado por el voto popular, una expectativa diferente a afirmar que ha sido buen alcalde.
Bogotá se encuentra en un limbo administrativo a causa de la decisión, aun no confirmada, por parte del procurador .Esa situación no le conviene a la ciudad, pero tampoco las continuas embarradas y falta de administración del alcalde. De varios males, el menor, parece que pensamos todos, incluidos los petristas quienes creen tener más opciones ahora (luego de dilatarla al extremo) en el voto limpio frente a la destitución. La votación, a comienzos de marzo para definir si sigue o no, toma al alcalde mejor posicionado que cuando fue elegido con, apenas, 723.000 votos, en una ciudad de casi 5 millones de potenciales electores. Eso dicen las encuestas que ahora le muestran por encima del 32% conseguido en 2011 (en realidad un 15% de los posibles votantes).
Esa presunción no es gratuita: saben los seguidores de Petro que la polarización les ha venido bien, consiguiendo “simpatías” de sectores que no son y no serán Petristas. Ahora, cuando Francisco Santos comienza a interesarse por los temas de la ciudad, puede ser que la polarización se acentúe, quedando incluidos en la particular coalición pro Petro los anti uribistas, confrontando, el 2 y 9 de marzo, al mismo Uribe quien estaría promoviendo su candidatura al Senado casi simultáneamente.
Pero no puede considerarse cierto que la política en Bogotá se reduzca a los amigos de Petro, por un lado, y los de Uribe-Pacho, por el otro, aunque la revocatoria pudiera, si es que la tenemos, definirse en medio de esa dicotomía. Uribe ya perdió en Bogotá cuando apoyó y le cargó megáfono a su mejor candidato disponible en ese momento: el ex alcalde Peñalosa. Su participación en la revocatoria, paradójicamente, “ayudaría” a Petro para no ser revocado como consecuencia de la polarización señalada y un efecto similar podría tener en la candidatura de Santos a la alcaldía en una eventual elección. Entre otras cosas, ¿A quién respaldaría en ese ejercicio, el presidente-candidato? No se sabe, pero a Francisco Santos no parece. Ese sería un nuevo “pulso”
Como hemos visto los factores que parecen influir en las preferencias electorales en Bogotá hoy, se refieren a las grandes tendencias nacionales que el país tendrá en un año de elecciones para Congreso y presidente. Por ninguna parte se consideran las corrientes de opinión históricamente importantes en Bogotá, entre ellas el Liberalismo que sigue siendo mayoritario pero no ha conseguido un candidato que le exprese. Tampoco una evaluación de la gestión de los últimos alcaldes.
Frecuentemente los bogotanos se quejan de la mala política aunque no se ocupen de lo público, lo que es de todos, y más bien lo consideren como algo ajeno que pertenece a los demás. A una esfera diferente que se mueve con “reglas” particulares. Si tenemos en cuenta que la participación es inferior al 50% y en las últimas elecciones Bogotá estuvo un 10% por debajo del promedio nacional, encontramos pesimismo y apatía.
Pese a los discursos y promesas no tenemos una movilidad y un transporte dignos; decir que los recursos públicos se ejecutan bien, para solucionar sus innumerables problemas, es una utopía en una ciudad en que ni siquiera se ejecutan, como le ha sucedido al actual alcalde, dedicado a discursos con alta carga ideológica y a fortalecer su imagen pero poco a gobernar. ¿Izquierda o derecha? Más bien necesitamos un gobierno que actúe como tal y no como pre- candidato; que conozca de ciudad y gestión pública. Ni Petro ni Pacho parecen encajar en el perfil. Si seguimos votando, o dejando de hacerlo, de la misma manera, ¿Podemos esperar resultados diferentes?
@herejesyluis
Alguien decía, con razón, que debería nombrarse un alcalde encargado, para que gobierne mientras Petro se defiende. Podría pedir una licencia.