Nadie controla el uso de recursos millonarios, ni explica el alza de tarifas después que los consumidores pagaron, por años, billones, el cargo de confiabilidad, para afrontar una emergencia como la que tenemos.
La semana pasada el Ministro de Minas sorprendió con el incremento en el recibo para recaudar cerca de 1 billón de pesos y superar la crisis de las plantas térmicas que generan energía ante la inminencia de un racionamiento. Al gobierno, en plena crisis de ingresos, le puede costar otro tanto, incluyendo los sobre costos en subsidios a los estratos bajos. La energía de las plantas térmicas es más onerosa que la hidráulica, la cual provee un 70% del total nacional, pero tiene dificultad para ser almacenada por largos periodos. El fenómeno del niño, el cual reduce las lluvias con las que producimos energía, es verdaderamente fuerte, pero la gestión en el sector y la supervisión del Estado quedaron muy mal, una vez puestas a prueba.
Para empezar, no sabemos con exactitud el monto de los recursos pagados por confiabilidad: mientras la Contraloría habla de 14 billones, los usuarios de 23.5 en nueve años. Las autoridades se pasan la pelota: El Ministerio de Minas pregunta (?), a la Súper intendencia de servicios si controla lo que hacen con la plata y esta responde que solo vigila que las empresas cobren pero no lo que hacen con ella (?). No se trata de centavos.
Con las medidas tomadas desde 1994, que dieron lugar a la estructuración del sector eléctrico, nos creíamos a salvo de un nuevo racionamiento. El esquema público –privado en que se sustenta desde entonces, parecía suficiente para atender la demanda de un país en crecimiento, hasta ahora cuando, aparte de la amenaza de racionamiento, enfrentamos una crisis que se manifiesta en hechos como los de la Costa; quejas fundamentadas de los industriales, por altos precios que les quitan competitividad , e incluso de un sector de congresistas que, paradójicamente, han estado de acuerdo con el alza de tarifas. (Ver nota aquí)
Recientemente los industriales solicitaron reducir el impacto de los diferentes fondos del sector en las facturas, requiriendo que fueran cubiertos con el presupuesto general de la Nación, y son conocidas las quejas de usuarios en la Costa por la mala prestación del servicio y su alto costo. Una sindicación directa a la gestión de Electricaribe del grupo Español Fenosa.
El precio de la energía en Colombia, sin niño en el medio, significa ineficiencia. Un estudio de Fedesarrollo realizado en 2009 demostró que, si bien, somos más competitivos al generar energía que Perú, Ecuador, Chile y México, cuando hablamos de transmisión y distribución somos más ineficientes y por tanto costosos. Otro estudio realizado en EAFIT lo confirma: Nuestra energía es bastante más cara que en países como Perú, Corea del Sur y Estados Unidos, a pesar de que su materia prima principal nos llueve buena parte del año y el gas, con que funcionaron hasta ahora las térmicas, ha estado prácticamente a la mano.
Un alza en las tarifas de energía, en un momento en que en casi todo el mundo está bajando, nos pone a pensar cosas como sus efectos en una inflación que pasará del 6%; mayor pérdida de competitividad de una industria Nacional que ha venido de capa caída, pero, sobre todo, en la incapacidad de las empresas generadoras; ineficiencia de las distribuidoras , e indiferencia de los funcionarios públicos, comenzando por los Ministros y la CREG en varios gobiernos, que no pudieron gestionar adecuadamente los recursos pagados como cargo de confiabilidad.
En este caso, al igual que en el pasado en el sector financiero, les toca otra vez a los ciudadanos y al gobierno, o sea los mismos ciudadanos, pagar errores, falta de planeación y deficiencias de gestión. Nada que aprendemos. ¿Aquí tampoco hay responsables?
@herejesyluis