En el último año nuestra capacidad de compra interna se deterioró casi un 6%, y la externa, en lo que va de 2015, un 48%.Queda la impresión de que la autoridad monetaria apenas reacciona.
Solamente ahora, cuando la inflación llegó a 5.89, la más alta desde 2008, el Banco de la República anuncia medidas para atenuar los efectos inflacionarios de la devaluación. En su última reunión manifestó, por fin, la intención de vender, de ser necesario, hasta 500 millones de dólares en lo que significa, afortunada, pero extemporáneamente, un cambio de política.
La cifra de inflación preocupa en si misma pero hace pensar sobre lo que habría ocurrido si no caen los precios del petróleo. En este caso, luego de que en mayo pronosticara un 4%, el Banco parece sorprendido por el incremento, como antes lo estuvo con el carburante, aunque se sabía de su influencia en la tasa de cambio que nos ha llevado a niveles de 68% de devaluación de agosto a agosto y 48% desde agosto 2014 hasta ayer, quedando latente la pregunta sobre si hemos debido intervenir antes el mercado de divisas, como se propuso repetidamente desde esta columna.
La junta del Banco, constitucionalmente, es independiente aunque todos esperamos armonía con las directrices del gobierno. La sorpresa del presidente Santos con el aumento de 50 puntos en la tasa de interés, en lugar de 25 sugeridos por el gobierno, demuestra una extraña falta de sintonía. Este aumento, que nos lleva hasta 5.25%, pisa el freno de la economía en un momento en que las previsiones de crecimiento ya son de 3%.Vale anotar que en septiembre, en una decisión unánime, el Banco había aumentado 25 puntos, cuando esperábamos una inflación anual cercana al 4.8 y la devaluación anual llegaba a 68%.El remedio no dio resultado, pues estamos hablando de 6%. ¿Apenas ahora, al anunciar la intención de vender divisas, comprendimos el tamaño de la devaluación y sus efectos en la inflación?
El aumento en las tasas reducirá la demanda de crédito y la de la economía. El encarecimiento del dinero, se espera, reducirá el flujo de capitales hacia afuera o, lo que es lo mismo, propiciará uno hacia Colombia, evitando mayores desbordamientos en la tasa de cambio. Siendo “optimistas” se puede interpretar como una manera de anticiparse a la anunciada alza en las tasas de interés en Estados Unidos prevista para diciembre, pero no alcanza.
Sabemos que, aparte de oferta y demanda cruzada de monedas, la tasa de cambio está íntimamente ligada a los niveles comparados de inflación. El 5.89 nuestro es muy superior al cero esperado en Estados Unidos y Europa. La tasa de interés de 5.25, en esas condiciones, no hace atractivo el flujo de capitales. Como medida casi única no es suficiente para conseguir lo que pretende.
La gestión del gobierno y la junta se complica con el aumento en los precios de la energía, mientras en el mundo está bajando, con amenaza de apagón, y trepada de los alimentos, que no pudo ser contrarrestada con importaciones como se anunció y no es responsabilidad exclusiva del niño. Todo esto, en la puerta de una negociación del salario mínimo.
Al privilegiar el control de la inflación sobre otras variables de la economía, el Banco de la República hace una lectura exegética de la Constitución. No es necesario reformarla para saber que equilibrio y precios tienen que ver, entre otras, con variables como inversión, confianza, crecimiento, devaluación y empleo. Y sentido de oportunidad, por supuesto.
Los fantasmas del palacio. Dos frases lapidarias: Del expresidente Betancur al pedir perdón por unos hechos que aún no conocemos (¿): “Se presentaron situaciones inmanejables o que manejé mal. Punto”. En un muro: “ya reparamos el palacio ¿Cuándo repararemos la justicia?”