Se ha extendido que el distanciamiento social o enclaustramiento obligado, una de las pocas herramientas disponibles y probadamente efectivas contra la pandemia, está generando la temida recesión en todos los países, para algunos con efectos más nocivos que la misma enfermedad. ¿Estamos puestos a escoger entre el bienestar de la economía y el de las personas? Se trata de un dilema falso.
En realidad, la recesión se refiere a incertidumbre provocada por el miedo. En el mediano plazo se recuperará. No podemos esperar lo mismo de las vidas que se pierdan ni de los efectos que pueda tener el triunfo del egoísmo sobre la solidaridad entre los seres humanos. No se reduce a un asunto de políticas públicas sino a los valores y cimientos de nuestra civilización.
El dilema ha llevado a gobernantes como los presidentes Trump, Bolsonaro y el primer ministro Boris Johnson a expresar, en algún momento, una postura vacilante y ecléctica o a privilegiar la dinámica de los mercados sobre un inminente daño a la salud pública, al subestimar los efectos del virus. Como una “gripita” lo calificó Bolsonaro; Johnson, por su parte, planteó inicialmente una estrategia de dejarlo circular (fue consecuente a tal punto que se infectó) aislando a los sectores potencialmente más expuestos para luego dar un giro, mientras Trump se ha inclinado por usar toda la artillería disponible para mantener la dinámica de la economía, siendo vacilante o ambiguo frente a las medidas de aislamiento que la pudieran “perjudicar”.
En Colombia, mientras tanto, el gobierno Duque hace lo que se debe al atender las recomendaciones de la OMS, avalado por los diferentes sectores políticos y gobiernos departamentales y locales: no ha vacilado en decretar el aislamiento, advirtiendo que de ser necesario se extenderá, tratando de mitigar, simultáneamente, los daños sobre la economía al responder con subsidios y ayudas a los sectores afectados intentando mantener la demanda en niveles aceptables, en un escenario en que la situación fiscal es cada vez más compleja y el panorama cambiario, con la caída en los precios del petróleo, nada esperanzador.
La crisis ha puesto en evidencia problemas históricos, como la reconocida desigualdad, resultando, como ha sido desde siempre y en todos los países, pobres y mayores los más afectados. ¿Se puede solucionar en un breve periodo o en un mandato un asunto de tal magnitud? Incluso sectores opositores, como el exalcalde Petro, han comprendido y respaldado la postura del Gobierno al privilegiar la salud pública tratando de mantener a flote, como debe ser, la economía. El enorme reto ha logrado poner de acuerdo a la dirigencia política del país por primera vez en mucho tiempo.
Desde otro ángulo, las medidas por el aislamiento se encuentran respaldadas por la escasa evidencia científica disponible que con frecuencia choca con la dinámica de la política interna en los diferentes países. Para el presidente Trump, por ejemplo, el desempeño de la economía es vital en un año electoral aunque puede, desde esa óptica, resultar peor una errática gestión de la crisis. Los resultados de una mala gestión difícilmente se pueden “maquillar” con verdades alternativas: entre otros indicadores se miden en número de ciudadanos muertos, una evidencia difícilmente refutable. Las respuestas planteadas por la OMS, fundamentadas en evidencia científica, increíblemente no son obligatorias, como no lo han sido las que fundamentaron el Acuerdo de París, una respuesta elemental al cambio climático.
La crisis ocasionada por el virus pone de presente la necesidad de cimentar las políticas públicas en la ciencia y la observación sistemática de los hechos más que en el simple juego de intereses o las ideologías, por las mismas razones que debemos observar la ley de gravedad aunque no se encuentre incorporada, expresamente, en la ley. Esa puede ser una de las más importantes lecciones de este difícil reto que nos ha correspondido afrontar.
Una frase de Bill Gates el jueves pasado sintetiza bien la que debe ser la respuesta estatal ante el dilema: “Mientras no esté bajo control (la pandemia) la salud pública, el aislamiento, absolutamente, debe ser la prioridad”.