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La oposición invisible

10 de agosto de 2008 - 05:38 p. m.

Una de las razones por las que Uribe puede quedarse otros cuatro años, es que no ha tenido una oposición que  ejerza como tal. La que existe, con contadas excepciones, no ha sido seria, ni responsable. Se limita a reaccionar, no propone y puede decirse que no se toma siquiera el trabajo de pensar. En ocasiones y de manera vergonzante, se ha dejado “cooptar”.

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En democracia tenemos por costumbre  exigir responsabilidades a los gobiernos y esto es natural. Se encuentran facultados para administrar los recursos públicos y los asuntos de Estado. Por eso, tenemos los ojos puestos en ellos y observamos en detalle sus actos u omisiones.

Olvidamos que la oposición también tiene unas funciones éticas, morales, Constitucionales y legales, incluido un estatuto. Mejor dicho,  responsabilidades. A nivel programático sus propuestas no han pasado del nivel descriptivo denunciando que en Colombia existen pobres y violencia. Y sus formulas, facilísimas: acabar con la pobreza, la exclusión y buscar la Paz. Ese discurso existe casi desde los orígenes de la sociedad humana. Pero la oposición no ha tenido en cuenta que con él no se soluciona nada y menos se ganan elecciones.

Por cierto, son los mismos argumentos del Presidente Uribe, quien además se ocupa de saber que piensa y cree la gente mediante el análisis de encuestas que le permiten diseñar estrategias, anticiparse y sintonizarse con la opinión, de una manera tal que a veces  opositores señalan que la agenda de muchos medios se hace en la casa de Nariño.

Los partidos de oposición critican la estrategia por “mediática” y con frecuencia expresan que “la realidad es otra”. Para ellos lo que ocurre en la mente de los ciudadanos, sus emociones y sentimientos no son reales. ¿Qué tal? Como no producen propuestas con valor añadido que les permitan diferenciarse, no son pocos los opositores que han recurrido a esperar que se produzca un fallo judicial que declare ilegal la elección Presidencial. O a promoverlo. Sin conseguir resultados distintos a distanciarse cada vez más de la opinión. Actúan como opositores no al gobierno sino a la realidad. Mal.

Dos casos ilustran bien el tipo de oposición de los últimos seis años: Horacio Serpa y el ex Alcalde Garzón. Serpa arrancó con el apoyo Institucional y de las mayorías del Liberalismo. Trató de imponer un abstracto y genérico discurso “social”, mientras el país estaba pensando en otras cosas. Empezó con casi seis y termino con casi un millón de votos. En el medio se salieron del Liberalismo o fueron “sacados” muchos dirigentes y después de “darle con todo” al modelo Uribe, terminó aceptándole una embajada.

Por su parte Garzón, quien ha demostrado una  inmensa capacidad de acomodarse, practica un tipo de oposición que podríamos calificar como chistosa. Se acerca y aleja del gobierno, a conveniencia. Sus “principios” son tan elásticos como para crear el polo y tratar de pasarse al Liberalismo, dentro del cual es tan “amigo” del ex Presidente Samper como del ex Presidente Gaviria. Mientras tanto hace chistes de pésimo gusto populachero que presenta en forma de opiniones y  esconden su escasa formación. O como el que le hizo a Bogotá a la que cuando candidato le prometió no colocar más impuestos y como Alcalde le puso ocho nuevos tributos. Buen chiste.

Por actitudes como las descritas es que el partido entre Uribe y la “oposición” que ha tenido, a nivel presidencial va 2 a 0, con posibilidades de aumentar. Pero lo más triste para quienes se creen opositores, es que dependa a estas alturas de la voluntad del Presidente continuar “goleándolos “o dejarlos jugar. Son  invisibles.

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