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Mejor, a trompadas

31 de agosto de 2008 - 07:40 p. m.

En Colombia vivimos los desarrollos de una lucha feroz por el poder. Pero no es, quien lo creyera, contra el  narcotráfico y el terrorismo solamente.

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Los conflictos entre  malos políticos de nueva y vieja estirpe, han involucrado a la Justicia como parte del juego y han llegado al punto de poner en riesgo las instituciones, la economía y el sistema de Partidos, que afectan a y son de, todos los ciudadanos.

Luego de las intensas fricciones entre el gobierno y la Corte suprema, la semana anterior la escalada terminó con el vicepresidente y el Consejo de Estado y el de la judicatura, sacando banderas blancas. El Presidente dijo que no renunciaba a debatir, pero el gobierno “hizo” un gesto: Yidis medina se fue a su casa atendiendo las decisiones de la Corte Suprema, que por cierto, no se pronuncia.

Los niveles que ha alcanzado esta pelea por el poder, nos hicieron recordar a muchos escenarios previos y hechos, de las peores violencias. La de los cincuentas, las masacres de los paras, la de las FARC en el Nogal y Bojayá y las que no me acuerdo.

En Honor a la verdad, y a pesar de las denuncias soterradas y señalamientos, no creo que nadie esté en condiciones de afirmar que este gobierno  hubiese propiciado actos de represión o violencia. Otra cosa es la realidad que hemos tenido, la corrupción y la violencia enriquecidas  por el narcotráfico. Y enquistadas a todos los niveles, pero que no se le pueden endosar a Uribe, como se hace con frecuencia.

 Pero tampoco nadie puede afirmar, como se ha hecho, que el ex Presidente Gaviria utilizó un sector del narcotráfico para acabar con otro, o que pasó agachado en el tema de la extradición. Eso es mentira o un argumento de mala política o perversa.

Y es mentira o chisme con veneno, que el ex Presidente Samper accediera al poder aupado por el narcotráfico. Se ha probado que la mafia infiltró su campaña pero no su gobierno y que otros malos políticos y ladrones (perdón por la redundancia), se la robaron.

Todos estos señalamientos se usan en Colombia para  descalificar, porque no se aceptan las perdidas en política. Ese era un lenguaje usual de una corrupta burocracia en un sector de lo que antes se llamaba izquierda. Ahora, se convirtió en norma. El reciclamiento de ese estilo que llamaré “mala política retro”, ha estado a cargo de  personajes como Petro y sus amigos, al oponerse al TLC no con criterios económicos sino con chismes que han perjudicado la imagen del País.

Una muestra de cómo se hacen las cosas para proteger a los ciudadanos y sus instituciones, la acaba de dar el partido demócrata en Estados Unidos: Kerry, Bill Clinton y Hilary, todos  perdedores, pero todos a una, respaldaron al hasta hace poco desconocido Obama. Si el Liberalismo Colombiano de los últimos 15 años hubiese actuado así, otro gallo cantaría y si Uribe Hubiese gobernado con sus copartidarios y no con Conservadores.

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En todo caso es buena para todos,  esta especie de tregua con que terminó la semana. Ojalá dure, porque de continuar la “pelea” así,  acabaremos con los partidos y las instituciones que afortunadamente tenemos y nos separan de la barbarie, como lo acaba de constatar y decir el fiscal de la Corte Penal Internacional.

Tampoco es creando malas expectativas, que dañan el curso de la Economía y el empleo, como saldremos adelante. Con tanta violencia y tantos muertos como hemos padecido, no está tan mal que discutamos e incluso que excepcionalmente resolvamos las diferencias a trompadas, como hicieron recientemente algunos dirigentes paisas. Es mejor que  asesinando, como lo puso la mafia de moda.

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Y hablando de trompadas, el Presidente no define el tema de la reelección, la razón más fuerte de la actual crisis para muchos de sus opositores, aunque no lo digan,  entre otras cosas porque sabe que más de uno, como en el colegio, le ha dicho: A La salida nos vemos.

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