Estamos asistiendo a un cambio democrático que permitió a la, hasta hace pocos meses, oposición, acceder al gobierno, pero nuestros desafíos como nación siguen vigentes. ¿Hasta dónde llegará Duque?
Salvo para quienes no pretendían un cambio en la orientación del gobierno o en la disposición de recursos y políticas, sino uno del sistema, el giro político del país en apenas unos meses es un hecho notable. Al margen de visiones encontradas sobre matices de los acuerdos con las FARC, eje del discurso con que ganó el Centro Democrático, persisten diferencias de fondo en cuanto al tamaño del Estado y su eficiencia; la crítica del “Estado derrochón” que ahora debe convertirse en políticas públicas para promover bienestar y crecimiento. Veremos.
La primera camisa de fuerza del gobierno entrante es la situación fiscal que condiciona su capacidad de intervención. Reducir inversión y gasto público puede ser recesivo siendo más complejo, cuando menos para la gobernabilidad en la opinión, aumentar los niveles y la base impositiva, cosa que en el mediano plazo puede ser inevitable; tanto, como una reforma a un régimen de pensiones al que muchos colombianos aportan para que solo muy pocos puedan recibir grandes mesadas, una fórmula explícita e institucionalizada de desigualdad.
Por otra parte, no debe ser tan popular como indispensable la reducción de “mermelada” entre políticos a los que Duque deberá recurrir para afirmar su hasta ahora precaria gobernabilidad en el congreso que, finalmente, logrará. La situación planteada hasta hoy, con el “distanciamiento” de Cambio Radical y sectores de la U, parece un forcejeo natural luego del gabinete “autónomo” que nombró. Pero, de mantenerse la tensión en el congreso, ¿Cuánto durará este primer equipo de gobierno?
Sería ideal conseguir eficiencia en el gasto público reduciendo los niveles de corrupción. Este es un pendiente no solo del gobierno entrante sino de los colombianos. A propósito ¿Dejara Duque la bandera de la lucha contra la corrupción en manos de la nueva oposición? ¿De qué manera pasará de los discursos a los hechos?
Desde la perspectiva de la lucha anticorrupción y eficiencia en el uso de los recursos públicos se debe adelantar, más allá del saludo a la bandera que representa la próxima consulta, una reforma administrativa al sistema de salud. Los críticos per se de la ley 100 olvidan la precariedad en la prestación del servicio antes de ella. Un análisis comparativo, incluyendo países desarrollados como Estados Unidos, no puede desconocer los avances del país en la materia ni sus logros en universalización. La costosa intermediación de las EPS y el desastroso flujo de recursos, son objetivos alcanzables para el gobierno, desde el punto de vista administrativo, sin que resulte indispensable, por ahora, otra reforma legal para conseguir eficiencia en el sector.
El desafío educativo, buscando calidad y actualización en el modelo (estamos en plena revolución digital y no en la de la máquina de vapor), comienza con capacitación y mejoramiento en las condiciones laborales de los docentes; mayor integración ciudadana y empresarial en los proyectos educativos y uso intensivo de nuevas tecnologías. En el caso de la oferta pública de educación la propuesta virtual ha demostrado economía, calidad y eficiencia, utilizando una infraestructura que el país ya tiene a disposición y en la que ha invertido considerables recursos. Parece un contrasentido que luego de lograr más de 30 millones de conexiones de banda ancha no se utilicen debidamente. También, que no tengamos, todavía, un vice ministerio de educación virtual para avanzar en la actualización y democratización del servicio, una necesidad que debe anteceder a un ministerio de Ciencia y Tecnología.
La preservación de la Paz no es, y nunca ha sido, un problema “interno” por las características e influencia del negocio del narcotráfico. A la problemática interna se suma la compleja situación, permanentes amenazas incluidas, desde nuestra hermana Venezuela .Las dos requieren, como nunca antes, del apoyo internacional. Al nuevo canciller le corresponde consolidar vínculos con países amigos buscando con ellos iniciativas y respuestas consensuadas.
Para avanzar en estas reformas, y en otras, Duque requiere mayorías en el congreso y unidad en la ciudadanía, superando la polarización. Suerte; pulso, y buena comunicación, presidente. Los va a necesitar.