Brexit y ascenso de Trump son un ejemplo fresco según el cual emociones y sentimientos aun nos gobiernan. Una advertencia para nuestras discordias internas sobre la Paz.
El referendo en Inglaterra se desarrolló en medio de una economía mundial que no logra salir de la crisis de 2008 y propició, además del freno al crecimiento, la crisis fiscal de los gobiernos; aumentó el desprestigio de la política y puso en evidencia la fragilidad de los Estados en una avalancha incontrolable que no para. Cuando encuestas y casas de apuestas, instrumentos que utilizamos para medir la opinión, daban como un hecho la permanencia en la Unión Europea, ocurrió lo contrario.
¿Cómo pudo pasar?
Un argumento razonable no existe: sabemos que la integración de mercados tiene ventajas como las economías de escala y mejores y mayores capacidades de negociación; un espacio en que los países pueden potenciar ventajas naturales, comparativas y competitivas. Los beneficios obtenidos han sido probados por décadas. Entre otros efectos negativos entidades como The Economist anticiparon en 6% la caída del PIB si se aprobaba la salida de la Unión. Pudo ganar, a falta de razones, por creencias que no pueden comprobarse empíricamente, según las cuales inmigrantes no quitaran empleos a ingleses, e Inglaterra, sin Bruselas, recuperará su perdida grandeza. Son mentiras. Pero ¿no es esa una especialidad de los malos políticos?, ¿no se sustentó en ellas Hitler, por ejemplo?
En Estados Unidos el señor Trump un candidato que, como los impulsores del Brexit, apela a la Xenofobia y la ilusión, según la cual un muro en la frontera con México bastará para que los trabajadores norteamericanos recuperen sus empleos, ganó la candidatura Republicana arrastrando nuevas masas de votantes aburridos de los que consideran fracasos de políticos “típicos”. Aunque hasta ahora la señora Clinton lo aventaja en encuestas, nadie se puede engañar pensando que no tiene opciones reales. A la luz de enfoques como el psicosocial la Ciencia Política se ha ocupado del tema: la manipulación de emociones y sentimientos puede explicar conductas políticas. Allí, también, se trata de “recuperar la grandeza de los Estados Unidos y el empleo para los norteamericanos”. En el fondo de la manipulación, y aunque muy pocas veces se diga, está el argumento subliminal de que USA, como Inglaterra, posee un inmenso arsenal, también nuclear, y no tiene por qué andar haciendo concesiones a nadie. Es, ni más ni menos, el principio del fin de la civilización, como la conocemos.
En Colombia, como en el Reino Unido, las cuentas están hechas y la Constitución lo ordena: la Paz no tiene discusión pero, históricamente, creencias y sentimientos han hecho su parte. Ponen y quitan gobiernos; desplazan a millones; matan a cientos de miles; impiden el progreso, y su costo primario, un 6% de lo que producimos, los gastos militares solo del gobierno, superan lo que invertimos en educación. ¿Conviene acabarla? Antier o el siglo pasado ya eran tarde.
A estas alturas de la información y advertidos como estamos, seremos imbéciles del todo si resolvemos que la Paz con las FARC solucionará todos los problemas de Colombia, tanto, como si consideramos que hacerla o no hacerla son lo mismo. Sentimientos y emociones negativos pero propios de la naturaleza humana: venganza, revancha etc. son de fácil cultivo aquí como en Europa o Estados Unidos. ¿Seremos capaces de superarlos? ¿De encontrar un consenso ante esta oportunidad histórica?
Matthew Elliott, principal promotor de la salida del Reino Unido de Europa, luego de su “triunfo”, parece ahora arrepentido y solicita calma para completar su “obra”. Recién aprobado el referendo pide tiempo para abandonar el barco mientras la Unión Europea lo apura. Ante los hechos y las cifras, todas desastrosas para su país y el mundo, acaba de darse cuenta que ganó pero en realidad perdió: tendrá que cargar con el peso y las consecuencias de sus hechos. ¿Se arrepentirá igual Trump si genera una guerra nuclear, lo que es una posibilidad real?
En Colombia aun no es tarde: el presidente Santos y el ex presidente Uribe tienen, todavía, la palabra para conseguir a voluntad una Paz consensuada.
@herejesyluis