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Tocó endeudarnos

03 de enero de 2016 - 10:39 p. m.

Si la economía muestra señales de alerta, como ahora, no conviene aumentar impuestos o seguir reduciendo gastos. Las dos medidas son recesivas.

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Ya se puede decir que el crecimiento de la economía en 2015 estuvo, dadas las circunstancias, mejor de lo esperado. Una cifra entre 3.0% y 3.2% destaca, si se tiene en cuenta que el PIB mundial será del 2.5% mientras América Latina y el Caribe decrecerán.

Pero el impacto de la caída en los precios del petróleo desnudó la realidad de una economía que ha descansado en sus exportaciones. Estas, sin embargo, no eran ni son sostenibles más allá de 6.5 años con una producción de un millón de barriles día. El futuro, como país petróleo- dependiente, se nos anticipó. A la caída en los precios debemos adicionar la disminución de la actividad exploradora que no permite mayor optimismo en la perspectiva de aumentar reservas. La inversión, para esos efectos, ya se redujo un 50% en 2015.

El reemplazo de petróleo por exportaciones diferentes, como fuente de divisas e ingresos, tardará. Hemos hecho lo correcto al promover programas de construcción de infraestructura y vivienda, aunque, dadas las necesidades y el atraso del país, empiezan a revelarse limitados. En el primer caso, para resolver la integración entre las diferentes regiones, el mundo y ganar en competitividad. En el segundo porque necesidades y expectativas de la población son superiores a los programas gubernamentales de vivienda, como reveló la última encuesta de Gallup. En los dos campos hay mucho por hacer y el actual es el mejor momento para una respuesta anti cíclica. Para eso es el Estado.

A la caída en los ingresos se ha adicionado el sacudón cambiario. En ausencia de otras exportaciones, como parte de un modelo sostenible, la venta de activos es una solución temporal. Es el caso de Isagen. Por eso cabe preguntar si se venden porque no podemos gestionarlos adecuadamente; porque se trata de un buen negocio; para adelgazar al Estado, o porque será una fuente inmediata de ingresos.

La respuesta es importante. Se relaciona con el debate mundial acerca del papel de los gobiernos en una economía en trance de recuperarse. Posiciones extremas han sido descartadas por los hechos y el fracaso de la teoría de mínima intervención fue saldado con la crisis de 2008 y la experiencia en países que comienzan a salir de ella. La reducción del tamaño de los gobiernos “soluciona” en el corto plazo problemas fiscales pero resulta profundamente recesiva. En otro extremo, el “modelo” venezolano, que condujo a nuestros hermanos y vecinos al desastre.

En Colombia hemos, de hecho, incumplido con uno de los supuestos de la regla fiscal: el ahorro en tiempos de bonanza que permitiría afrontar periodos de dificultad. Está bien que gastos e ingresos se estimen en una perspectiva de mediano y largo plazo, sustentando la política con una especie de Fondo. Pero nunca como ahora tuvimos incertidumbre tan alta, consecuencia de la proyección de Petróleo y tasa de cambio. Esa incertidumbre, potencialmente calamitosa, debe ser reducida con la solidaridad, inversión y gasto, del Estado como perspectiva de largo plazo.

Necesitamos reemplazar la disminución de inversión y demanda privada, que ya vemos y veremos, por inversión pública, aunque para ello debamos “correr” la cerca de la regla fiscal cuyo déficit llega al 3.6% del PIB. Una vez logrado ese consenso, establecer con toda claridad si conviene endeudarnos, con un dólar de 3.200, para pagar cuando las perspectivas sean mejores, o vender activos de la Nación, de gran valor estratégico, como es el caso de Isagen. Más impuestos disminuirían los niveles de empleo. Menos gastos e inversión, también. La discusión apenas comienza.

@herejesyluis 

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