El problema no consiste en que un grupo de ex guerrilleros, vinculados con las mafias mundiales del narcotráfico, violaran los acuerdos; se sigue tratando de la incapacidad de nuestro liderazgo para pactar unos mínimos y actuar como un Estado que ha sido y está siendo confrontado.
Los colombianos hemos sido burlados y el objeto de burla han sido, además de los acuerdos, los millones que votamos por el Sí en el referendo, y no el ex presidente Uribe y quienes votaron por él No, a quienes, por cierto, la decisión de Márquez y Santrich les ha dado, en buena parte, razón. Inevitablemente hemos recordado la derrota del Sí y por tanto la fragilidad, en el origen, de los propios acuerdos que ahora se pretende invocar.
Una vez firmados y comprometido el Estado, se debe reconocer que el gobierno Duque intentó resolver la falta de ese consenso nacional con las objeciones presentadas y fracasadas, entre otras razones porque el mismo gobierno no se ha ocupado, a fondo, de consolidar una coalición mayoritaria en el congreso. En consecuencia, el problema que debemos y podemos resolver; la unidad del Estado frente al narcotráfico y a la dictadura venezolana que quiere, como último argumento de supervivencia, desestabilizar la región, sigue pendiente.
El partido FARC, además de la postura expresada frente a sus excompañeros, debe, como corresponde a una organización democrática, expulsarlos y definir claramente su postura frente a la dictadura venezolana; por su parte el Uribismo debe reconocer, actuando en consecuencia, que su enemigo no se encuentra entre los desmovilizados, quienes cumplieron lo acordado, y que los acuerdos han sido benéficos para Colombia, como lo demuestran las cifras de reducción de violencia. Los demás sectores políticos, comenzando por los partidos que los promovieron , deben entender las circunstancias y, respetando lo fundamental, abrir la puerta a ese acuerdo ampliado que incorpore al Uribismo. Deben reconocer que ganó el referendo y las presidenciales. No es propio del talante democrático seguir desconociendo hechos de semejante magnitud.
Como se ha dicho, la tarea de promover ese acuerdo corresponde al presidente, quien además de contar con el respaldo de la comunidad internacional, ha debido y debe afrontar desafíos de logística y financiación que ha debido asumir en un escenario fiscal complicado y que corresponde considerar a los diferentes sectores políticos en el congreso. Claramente se trata de una situación excepcional.
Aunque el rearme de Márquez y asociados no implique, por si mismo, una amenaza militar mayor e inmediata, con el Eln tratarán de convertirse en peones en el juego de desestabilizar la región al que apuesta la dictadura de Maduro respaldada por Putin quien, a su vez, utiliza los problemas regionales para presionar a la Unión Europea y Estados Unidos en un escenario que cambió luego de la anexión de Crimea.
¿Tiene otras consecuencias internas la decisión de Márquez y asociados? No muchas más de las que ha debido afrontar Colombia en la era del narcotráfico, evidentemente mitigadas por los acuerdos firmados con las Farc.
La economía, como se pudo observar en el comportamiento del dólar, que bajó después de los anuncios de Márquez, no se toma muy en serio el alcance de sus amenazas. El país pudo sobrevivir y la economía logró cifras importantes de crecimiento aun sin acuerdos y, sin subestimar la capacidad de daño del terrorismo, lo va a seguir haciendo.
En el terreno de la política interna los efectos electorales serán imperceptibles y aún en un escenario de polarización continuada entre la dirigencia, no se notarán en las próximas elecciones regionales. La gente no votará o dejara de hacerlo, ni escogerá o dejará de escoger candidatos dependiendo de lo que piensen Márquez y sus amigos. Otra cosa ocurrirá en las presidenciales: el oportunismo no tiene sentido de Estado y aprovechará cualquier cosa que ocurra en su propio beneficio.
Seguimos demorados en ponernos de acuerdo en unos mínimos que, superando las cicatrices que nos ha dejado el narcotráfico, el invitado indeseable que partió en dos nuestra historia, nos permita sobrevivir y avanzar como nación.