El 50% de las reservas están en Rusia, Irán y Qatar, el 50% restante en los países de la OPEP.
Hasta hace un par de años el mundo del gas natural estaba muy bien definido.
Las reservas probadas globales estaban en el orden de 5.600 billones métricos de pies cúbicos (Tera Pies Cúbicos o TPC), cantidad suficiente para abastecer las necesidades del mundo entero por muchas décadas.
Vale la pena señalar que esas reservas son convencionales, o sea que están acumuladas en el espacio poroso de areniscas o de calizas fracturadas.
Adicionalmente, a diferencia del caso del petróleo, no existe un precio universal para el gas natural y los mercados son regionales, a saber: Asia-Pacífico, Europa y Norteamérica.
En cada uno de ellos hay diferentes costos y políticas de almacenaje, diferentes políticas de distribución, diferentes estructuras de precios y diferentes patrones de consumo.
Aunque existen centros de comercialización donde operan mercados abiertos, tales como Henry Hub en Estados Unidos y NBP en el Reino Unido, en la mayoría de los convenios de suministro los precios tienden a ser negociados. Sin embargo, esas negociaciones se apoyan con frecuencia en fórmulas asociadas a los precios de mercado. Por otra parte, 50% de las reservas pertenecen a tres países, Rusia, Irán y Qatar, mientras que el restante 50% pertenecen a países de la OPEP.
Eso quiere decir que el suministro y la distribución de gas natural en muchos rincones del globo requieren de conectividad, la cual puede ser proporcionada por gasoductos interfronterizos de alta presión, o LNG, es decir, gas licuado refrigerado a una temperatura de -160° Centígrados, el cual es transportado en buques especiales.
En el mercado europeo los gasoductos procedentes de Rusia y de África, en especial de Argelia, representan la continuidad y el aumento del suministro y consumo de gas natural. Por su parte, Estados Unidos consume cerca de 25 TPC por año, de los cuales 20 TPC se producen domésticamente, 3,5 TPC llegan por gasoductos desde Canadá y 1,5 TPC llegan en forma de LNG por apenas cuatro terminales de regasificación.
Ante el crecimiento anticipado en Estados Unidos de 5% del consumo de gas natural, sumado a la reducción de los suministros de gas canadiense debido al aumento de la demanda interna de ese país, la respuesta habría de provenir del LNG. Es así como se sumarían: 10 nuevas plantas de licuefacción a las 20 existentes, 40 nuevos terminales de regasificación a los 60 existentes y 50 nuevos buques a los 130 existentes. Por último, vale la pena señalar que los precios del gas natural venían teniendo una clara correlación con los del petróleo en términos de contenido energético.
Pero la situación ha cambiado notablemente durante años recientes. Por una parte las intensas campañas exploratorias han aumentado las reservas de gas natural convencional hasta cerca de 10.000 millones de TPC, pero lo que realmente le ha dado un vuelco dramático al panorama del gas ha sido el “gas de lutitas”.
Las lutitas son estratos arcillosos que aparecen intercalados con las areniscas en la columna litológica de la corteza terrestre. Aunque contienen poros, en las lutitas, a diferencia de las areniscas, esos poros no tienen interconexión.
Durante años se sabía de la presencia de gas en lutitas, pero no se disponía de tecnología adecuada para una explotación comercial. En tiempos recientes se ha desarrollado una tecnología basada en fracturación hidráulica mediante el bombeo a altas presiones de agua con arena y aditivos químicos especiales.
Como resultado de ese nuevo desarrollo, las reservas de gas natural en Estados Unidos han aumentado en 27.000 TPC, y se estima que hay una cantidad similar en China, además de grandes cantidades en Europa y Rusia. Estas cifras han traído un inmenso cambio al mundo del gas natural.
Después de muchos años de presentar una correlación de 92% respecto al valor del petróleo, los precios del gas se han desacoplado de los del crudo. Actualmente, mientras el precio petrolero está por encima de US$90 por barril, el precio prevaleciente del gas natural de US$5-6 por millón de BTU, equivale a US$30-36 por barril.
Las economías de las cuantiosas inversiones en la cadena del LNG están sufriendo por el impacto de esta nueva situación. Por otra parte, muchas de las grandes petroleras internacionales han pagado inmensas sumas por propiedades con abundante gas de lutitas.
Sin embargo han ido en rápido aumento las preocupaciones ambientales, debidas a los riesgos de contaminación de las aguas dulces de los acuíferos para consumo humano. El debate está planteado y se intensifica cada vez más, mientras la EPA (Agencia de Protección Ambiental) de Estados Unidos adelanta un amplio y profundo estudio de dichos riesgos, el cual se concluirá en el año 2012. Mucho está en juego para muchos, y de los resultados dependerá el futuro del gas de lutitas y del gas natural en general.