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OPEP y los precios petroleros

15 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

El primer país productor en reaccionar fue Irán, que pidió una intervención para detener la caída de los precios.

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El impacto de la histórica degradación de la capacidad crediticia de Estados Unidos por parte de una de las agencias calificadoras internacionales fue juzgado por muchos analistas como más simbólico que real. No peca de arrogante el presidente Obama cuando cuestiona la significación que pueda tener la opinión de una calificadora frente a la inmensa dimensión de la economía estadounidense, que con US$11.000 millones es el doble de la que le sigue en segundo lugar, además de su tremenda significación comercial.

Sin embargo, la degradación disparó una oleada de pánico que se tradujo en ventas incendiarias en los mercados de valores.

La situación arrastró hacia abajo los precios petroleros, sacudiendo la comodidad de los productores de petróleo, acostumbrados a precios de US$100 por barril, que por muchos meses les han garantizado la cobertura de sus necesidades presupuestarias.

Para nadie ha sido una sorpresa que haya sido Irán el primer país productor en reaccionar, llamando a una intervención para detener la caída de los precios. La república islámica, conocida como uno de los “halcones” de precios y que tiene grandes necesidades domésticas, fue rápida en proponer una reunión extraordinaria de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) cuando la pasada semana los precios petroleros cayeron en US$10 por barril. De darse tal reunión, casi seguramente se efectuaría en Irán, debido a que ese país ostenta en estos momentos la presidencia rotativa de la OPEP.

El gobernador iraní ante la organización, Mohammed Khatibi, declaró que varios países miembros verían con gran preocupación una caída de los precios por debajo de los tres dígitos, en contra de otros miembros que prefieren precios de US$80 ó 90 por barril, en clara referencia a Arabia Saudita y sus aliados del Consejo de Cooperación del Golfo.

Como se recordará, en la reunión ordinaria de la OPEP el pasado junio los sauditas fueron derrotados en su propuesta de aumentar producción por una coalición de siete miembros encabezada por Irán. Desde entonces Irán ha explotado su renovada influencia, lo cual se puso claramente en evidencia con las recientes declaraciones del nuevo ministro de Petróleo iraní, Rostam Ghasemi: “Arabia Saudita sola no es la OPEP. Irán y otros países miembros deben desempeñar un papel más activo en el grupo”. Se necesitaría un verdadero colapso de los precios petroleros para que Arabia Saudita accediera a tal reunión extraordinaria, en especial porque ella se celebraría en Irán.

Ahora bien, existe consenso entre los miembros de OPEP, la Agencia internacional de Energía (IEA) y fuentes regionales, en cuanto a que el mundo no está enfrentando una repetición de lo ocurrido en 2008, cuando los precios colapsaron desde US$150 hasta US$30 por barril en cuestión de unos meses.

La mayoría de las fuentes autorizadas, incluyendo la OPEP y representantes de la industria petrolera, coinciden en que los indicadores económicos apuntan hacia un aumento de la demanda petrolera durante el cuarto trimestre, con Asia contrarrestando la atenuación del crecimiento en Estados Unidos y Europa. En ese escenario se anticipa que el precio del crudo marcador Brent se estabilizará alrededor de US$100 por barril, reflejando un crecimiento más moderado de la demanda en la OECD, además del impacto del aumento de producción de 1,5 millones de barriles diarios, resultante de un aumento en Arabia Saudita sumado al volumen liberado de la reserva estratégica. Ante esta situación no se requeriría reunión alguna y pocos miembros verían amenazados sus presupuestos.

Sin embargo, si hay algo que podría unir a la OPEP sería una rápida y cuantiosa caída de los precios del petróleo que amenace los presupuestos de los miembros, incluyendo a Arabia Saudita y sus aliados del Golfo.

Hace unos 10 años los presupuestos de ese grupo se apoyaban en precios muy conservadores, pero en tiempos recientes sus necesidades de precios se han aproximado a las de Irán y Venezuela. El gobierno del productor más importante, Arabia Saudita, recientemente comprometió US$130.000 millones para gasto social como acción preventiva ante el posible contagio de la revolución ocurrida en varios países del Medio Oriente, en especial en Egipto y Bahréin.

Para cumplir con ese compromiso, al tiempo de mantener balanceado su presupuesto, los sauditas necesitan un precio de su cesta de exportación entre 80 y 85 dólares por barril. Pero todos esos cálculos podrían cambiar rápidamente si el mundo se desliza de nuevo hacia una recesión. En ese caso otro bajón en Estados Unidos y Europa afectaría la demanda en Asia, tumbando los precios como en 2008.

Muy probablemente los iraníes querrían ponerles un piso a los precios, pero quedaría en el ambiente la interrogante de cómo actuarían los sauditas para balancear sus grandes necesidades de ingresos con su desagrado por los juegos políticos de Irán. Los analistas domésticos opinan que las autoridades sauditas preferirán quemar reservas internacionales, las cuales superan los US$500.000 millones, que hacer concesiones políticas a los iraníes.

lgiusti@csis.org

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