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Juntos y además revueltos

18 de febrero de 2009 - 10:35 p. m.

PERDIMOS. SALVO ALGUNAS EXCEPciones la historia me ha llevado a ser personero de minorías o de causas perdidas. Ser antirreeleccionista no está de moda. Venezuela no es la excepción.

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Es que esos Mesías que recitan próceres tras próceres queriendo reencarnarse en Bolívar, que hacen de sus hijos un álbum fotográfico público para hacer creer que son buenos padres, que usan chaquetas del mismo color como si fueran una legión de niños scouts, que invocan a Dios y a las vírgenes para descrestar beatas, que saltan todo protocolo para tirárselas de informales, que atacan a sus contradictores cual mayordomo a sus peones, que no cuentan con equipos de trabajo sino con séquitos de incondicionales, que interrumpen la programación ordinaria de televisión para amenazar a cuanto enemigo se inventan, que tratan de emular a los predicadores evangélicos pretendiendo hacernos creer que ellos son el bien y los otros el mal, me maman. Y eso es el presidente Chávez. ¡De los indispensables y enviados de Cristo o de Marx, líbranos Señor!

Pero más insoportable y desconcertante es ver y escuchar al uribismo reeleccionista criticando lo acontecido en Venezuela. Salvo el trapo que los identifica, son la misma vaina. El rojo de allá es el azul de acá. Que lo digan los conservadores criollos que ven cómo el viejo adagio que dice: “Pa’godos, los liberales”, se hizo realidad. Su jefe natural es Uribe. Natural por la nómina, por la hipócrita y falsa dilación del gustico, por su campaña antiaborto y por su homofobia. En eso de los derechos a la personalidad no hay diferencia alguna con Aló Presidente. Como tampoco la hay cuando de cooptar la institucionalidad se trata. Uribe lo hace con el Congreso, así hieda.

Con el Consejo de la Judicatura que prevarica cuantas veces una prepago se somete a su trabajo. Con la Comisión Nacional de Televisión que, haciendo lo que él le dijo que hiciera, ahora pretende liquidar evadiendo su irresponsabilidad gubernamental y generando un culillo en quienes aspiran al tercer canal. Con Procuraduría y Contraloría y próximamente Fiscalía, impuestas y sin autonomía. Y como si fuera poco, en marzo intentará confirmar su hegemonía en la Corte Constitucional con los dos nuevos magistrados que le impulsarán el articulito de la reelección. Faltan el Banco de la República, próximo a ser víctima de un nuevo allanamiento uribista, y el Consejo Nacional Electoral con registrador a bordo que le tiene en jaque su referendo.

Aunque siendo casi iguales en la manera de hacer gobierno y de acceder al poder, se diferencian en que uno descresta balbuceando musulmán y ruso, mientras que el otro habla inglés-republicano-paisa. A pesar de esta diferencia, ven a Human Rights como su enemigo principal. El de “Medallo” se la pasa rogando tratados comerciales hipotecando hasta el carriel, mientras el “veneco” compra cuanto mercado le ponen, pero eso sí con la marquita que es propiedad de su querida ALBA. El presidente Hugo quiere comer marines, mientras que nuestra seguridad democrática quiere atragantarse de intelectuales.

En fin. El club del reeleccionismo es así. Se critican pero son lo mismo: de derecha. Se aman a sí mismos. De todos sus errores le echan la culpa al árbitro. Les preocupa llegar a ser “ex”, pues no se imaginan el mundo sin su poder. Lo grave es que encuentran en la estrategia de la llamada oposición sus más resueltos legitimadores.

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