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Las claves para que el Once Caldas vuelva a ser grande, según el profe Montoya

05 de mayo de 2016 - 10:50 p. m.

El técnico campeón de la Copa Libertadores de América en 2004 con el cuadro de Manizales piensa lo siguiente.

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“El cambio es incesante e implacable; por tanto, la mejor estrategia es aceptarlo y evolucionar”: Seth Godin.

El equipo del alma, campeón de la Copa Libertadores 2004, con reconocimiento a nivel internacional, lleva varias temporadas sin brillar en ámbito local y menos en el internacional. Merece que todos los estamentos de la sociedad manizaleña le pongan cuidado, se preocupen por él y conjuntamente busquen estrategias para que en el segundo torneo de este año esté en los lugares de privilegio, de donde no debe salir.

El éxito de cualquier grupo dependerá de las capacidades individuales de sus miembros, pero dependerá también de cómo logre obtener la suficiente habilidad para resolver sus propios problemas y para regular, reforzar y perturbar las intersecciones del grupo.

Creo que se debe tener en cuenta lo siguiente:

Directivos: hacer un trabajo de introspección muy fuerte para determinar qué quieren del equipo, qué alcance desean obtener, y así poder diseñar el plan estratégico de trabajo para el segundo semestre.

Cuerpo técnico: el técnico Javier Torrente y su equipo de trabajo han mostrado, con las herramientas que han tenido, conocimientos de su profesión. El equipo tuvo momentos en los que mostró trabajo táctico dentro del terreno de juego. Lle dio oportunidad a jugadores jóvenes, pero faltó regularidad y tener mayor autocontrol personal. Si le dan mejores herramientas de trabajo y refuerzan adecuadamente el equipo, deben darle la oportunidad de continuar.

Nómina: diseñar el perfil del jugador para defender y jugar en un campeón de América. Jugadores de experiencia, mentalidades triunfadoras, técnicamente bien dotadas y deseosas de triunfar. Se debe continuar fortaleciendo a los juveniles para volver a disputar títulos.

Aficionados: apoyar al equipo, asistir al estadio para volver a gritar: “¡Ay Manizales del alma!”.

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