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Los principios

21 de septiembre de 2009 - 09:04 p. m.

“Donde no se puede amar, hay que pasar de largo”: Nietzsche.

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El fútbol colombiano fue sacudido otra vez por aquellos mercaderes que quieren enriquecerse a toda costa, sin importarles el daño social, sicológico y moral que le hacen a un joven, a una familia y a una sociedad de poner a aparentar a un joven con una edad que no tiene. En la sociedad de consumo en la cual vivimos pasa a ser más fundamental el tener que el ser y de ahí que las personas se convierten en una mercancía que se puede comprar y vender sin importar sus sentimientos, pensamientos y emociones.

La familia: los padres jugamos un papel fundamental para poder evitar este mal que agobia a nuestro fútbol y que nuestros hijos continúen siendo carnada fácil de los mercaderes. Es que no debemos prestarnos para ello, así estemos reventados económicamente, pero los principios morales deben estar por encima y no se negocian, como se dice popularmente, “por un plato de lentejas”.

Es necesario que practiquemos en nuestras familias estos valores: el respeto, la honradez, honestidad, amor y la comprensión, para que nuestros lazos familiares se fortalezcan. Los equipos de fútbol también deben funcionar como las familias, que deben ser infranqueables frente a estos hechos.

Recomendaciones:

1. Los padres deben rechazar propuestas deshonestas, como adulteración de documentos.

2. Las ligas municipales deben tener personas especializadas en el tema de análisis de documentación para prevenir dichos fraudes, como ya existe en la Liga Antioqueña.

3. En los equipos de fútbol a todo nivel, fuera de tener empleados capacitados en este asunto, no deben negociar con cualquier persona que les ofrezca un jugador y antes de hacerlo verificar, utilizando las diferentes herramientas de las que disponen.

4. A los mercaderes de documentos, los entes correspondientes deben aplicarles la ley.

5. Entre todos los estamentos implicados en este tema, hacer circular la información para que este flagelo lo podamos controlar.

Desde esta columna invito a todas las instituciones para que cierren filas contra la falsificación de documentos y luchemos por un fútbol transparente y unos jóvenes que se fortalezcan con el valor de la honestidad.

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