Con Guillermo Asprilla el alcalde Petro llenó el vacío dejado por Antonio Navarro en la Secretaría de Gobierno.
Se completó así el staff de la administración que Petro ha querido integrar con gente de sus propias filas y se abrió la etapa de consolidar un equipo para gobernar eficientemente.
Asprilla viene de ser concejal por unos meses en 2011 y de desempeñarse como director de la Uaesp en los primeros cuatro meses de esta administración. Fue el jefe de la exitosa campaña que condujo a Petro a la Alcaldía. Pero eso no lo dice todo. La ciudad lo conoce poco y algunos medios han proyectado una imagen de él un tanto distorsionada, presentándolo como incondicional del alcalde.
Asprilla tiene una sólida formación jurídica; es también maestro en ciencia política. Su trayectoria política ha sido intensa: militancia en el M-19, entre los cuadros de masas, no en los armados; contribuyente a la gestación de la Constitución; cofundador del Polo, miembro de su dirección, y dirigente de la corriente Democracia Directa.
Asprilla es un hombre de ideas claras, gran capacidad de expresión, sin retórica; sin embargo, es una persona dispuesta al diálogo y al acuerdo: sabe trabajar en equipo. Sin duda, el alcalde reconocerá este valor y lo dejará jugar como articulador de la administración.
Ni Petro ni Asprilla pueden darse largas: todavía es tiempo de coger las riendas y mostrar que se tiene capacidad para gobernar la ciudad.
La tarea de Asprilla no será fácil. Petro es un alcalde con más resistencias que apoyos. Es sabido que ganó la Alcaldía con una votación del 32%, y que no tiene en el Concejo un bloque que asegure gobernabilidad. Quiso compensar el déficit de respaldo en representación con una dinámica de participación, pero ello hasta ahora no ha resultado como se esperaba.
Asprilla seguro entiende que Petro no puede reducirse al apoyo de sus propias fuerzas y que una apertura es necesaria.
No puede, por ejemplo, ignorar que el Polo es el partido más estructurado en las localidades de Bogotá y que, sin su concurso, no es posible adelantar el siguiente paso en la transformación de la ciudad. También el Polo debe entender que Petro significa un avance, así haya sido dolorosa y costosa su separación del partido.
La ciudad densa frente a la ciudad extensa, la ciudad humana que lucha contra la segregación social con protagonismo ciudadano, la ciudad decidida a cuidar en serio los bienes naturales como el agua y los bienes públicos como las empresas distritales, la ciudad que más allá de Transmilenio le apuesta a un sistema multimodal e integrado de transporte, la ciudad que da prioridad a niños y jóvenes, la ciudad desarmada: esa ciudad, consideran importantes analistas, hace una mayor ruptura con el modelo de Peñalosa que la ciudad de Garzón y Moreno. Sea así o no, el proyecto progresista merece el apoyo de toda la Bogotá independiente.
Asprilla llega en el momento justo para construir la gobernabilidad que la administración distrital necesita a fin de continuar con la transformación de Bogotá.