La columna del 20 de octubre expresó el sentir de muchos lectores y electores, hombres y mujeres, de que el ejercicio comicial del 25 sirviera para apuntalar las posibilidades de la paz.
No hay duda, la nota positiva del domingo fueron las elecciones en paz y para la paz, mientras la nota negativa fue la altísima corrupción en prácticas electorales. El resultado para la paz fue positivo sin que deje se ser problemático.
Fueron unas elecciones sin zozobra respecto a la violencia política, hecho originado en el cese unilateral de fuego de las FARC-EP, la respuesta positiva del gobierno al suspender los bombardeos y apuntalado por la desactivación de minas antipersona y otras acciones de desescalamiento del conflicto. Sin duda ayudaron muchísimo al voto por la paz los anuncios sobre justicia alternativa hechos el 23 de septiembre y la declaración de que la firma de Acuerdos sería el 23 de marzo próximo o inclusive antes.
Los elegidos son, en su mayor parte, pertenecientes a partidos y movimientos abiertamente comprometidos con la paz. Los partidos de la coalición de gobierno aportaron el mayor conjunto de votos a favor de la salida política, sobre todo el Partido Liberal y el Partido de la U. Los elegidos de cambio radical no parecen tan definidos, pero posiblemente la necesidad política los haga compartir la causa de la paz con las otras fuerzas de la Unidad Nacional. Las fuerzas opositoras al proceso, como el Centro Democrático, o divergentes en temas importantes como el Partido Conservador perdieron apoyo ciudadano.
El retroceso electoral de la izquierda, sobre todo la pérdida de la Alcaldía de Bogotá, por un momento parece limitar el apoyo a la causa de la paz. Pero hay que tomar en cuenta que el aporte de los sectores independientes, progresistas y alternativos, partidos y movimientos, se produce sobre todo a través de la movilización social para la cual se advierten condiciones muy favorables en los días venideros. Ello no debe eximir de una ponderación de los factores que produjeron el retroceso: errores propios, entendimiento tardío, papel nefasto de medios y encuestas.
El aspecto más problemático hace relación a las potenciales candidaturas presidenciales en el 2018. Se fortalece un poco Vargas Lleras de quien se dice que podría capitalizar el triunfo de Peñalosa en Bogotá como un activo de su estrategia. Sin embargo el impacto de la firma de los Acuerdos en La Habana le dará pronto a Humberto de la Calle una incontrovertible notoriedad y posiblemente crezca la expresión de sectores que quieren verlo jugar en el 2018. Fajardo, Petro, todo el universo alternativo, requiere diseñar una estrategia de articulación para enfrentar el reto presidencial con miras a la década de transición que comienza a correr.
El 25 dejó ver claramente que el electorado premia el abandono de la guerra y la llegada de la paz.
* * *
LUIS RAMIRO GUTIÉRREZ ZAMBRANO. Curití, Santander, 1942, Bogotá, 2015. Este querido amigo merece mención en esta columna porque toda su vida fue un hombre de paz, pero también de compromiso con el cambio, la justicia social y la democracia, sobre todo desde la orilla de la organización y las luchas del campesinado colombiano. Huella profunda en esta época de laxitudes morales nos deja su integridad a toda prueba. Crítico bien informado del curso de los acontecimientos económicos y políticos, sus últimos días se mostró escéptico sobre la perspectiva de la paz con transformaciones sustantivas. Falta enorme nos hará Ramiro en la carrera séptima de Bogotá para tomar un tinto y escuchar sus agudos comentarios. Paz en su tumba.