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Europa: ¿superará el miedo?

18 de julio de 2016 - 11:29 p. m.

Se está diciendo en Francia y en toda Europa que es preciso prepararse para “convivir” por largo tiempo con el terrorismo yihadista.

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Pero quizá eso corresponde decirlo para todo el mundo porque hoy, en la aldea global, nada es ajeno a nadie, todo nos afecta a todos. A esa elemental y terrible conclusión se llega después de 10 graves atentados desde el sufrido por la revista Charlie Hebdo, en París, el 7 de enero de 2015, que suman centenares de víctimas produciendo pánico ocasional y sembrando temor permanente en las sociedades. 

La espantable tragedia de Niza este 14 de julio, día nacional de Francia, ha terminado atribuyéndosela el Estado Islámico. Pero esa declaración de autoría o arropamiento no alcanza a despejar el punzante interrogante de ¿por qué están sucediendo estas cosas? Solo si se acierta en el diagnóstico se acertará en la solución. Los gobiernos tienden a reducirlo todo a buscar una superioridad arrolladora en el uso de la fuerza supuestamente con inteligencia: armas, bombardeos, invasión, dominio de territorios, desmantelamiento de estructuras de poder y desplazamiento masivo de comunidades. El resultado de esta estrategia simple y burda es más odio mutuo y el escalamiento del ánimo vengativo en todas las orillas.

Pasan por alto los decisores que, aparte de un nudo geopolítico de intereses económicos inconfesables, hay una complejidad cultural de por medio que mueve los dispositivos de acción política, militar y radical. El planteo de Naciones Unidas con ocasión del atentado en Niza da trazas de barruntar el fondo: “se cometen tantos ataques en el mundo que las condenas son insuficientes frente a una ideología que parece estar creando una serie sin fin de fanáticos preparados para matar por matar. Cuando una manera de asesinar –ya sea secuestrar aviones, detonar bombas o utilizar rifles de asalto– se hace más difícil, simplemente encuentran otra. Y nuestra respuesta necesita ser cuidadosamente calculada y altamente sofisticada. No se trata sólo de aumentar la seguridad, se trata de minar la ideología en sí misma hasta que se reduzca y vuelva a donde pertenece, que es la nada” (OACNUDH).

Pero el origen de tal ideología no puede leerse solo como fruto de la perversidad o de un gratuito fundamentalismo religioso o político, o de una patología social espontánea, no, lo que hoy pasa es el resultado del acumulado de relaciones históricas injustas entre occidente y oriente, entre Europa y el Cercano Oriente. (Columna con ocasión de N13: 16.11.15).   

La presunción de larga “convivencia” alude a que existirían 75 millones de musulmanes con inclinación terrorista entre 425 millones de fundamentalistas que dan cobertura a yihadistas o muyahidines. Por supuesto de 1.700 millones de musulmanes la inmensa mayoría no justifica los atentados y matanzas que protagonizan los fundamentalistas radicales (Pew Research Center).

El miedo que se apodera de sociedades y gobiernos, por el terror incontrolable, puede conducir, ya está conduciendo, a una deformación que Alexander Hamilton presenta así: “La destrucción violenta de la vida y de la propiedad a causa de la guerra, el continuo esfuerzo y la alarma que provoca un estado de peligro sostenido, llevarán a las naciones amantes de la libertad, a buscar el reposo y la seguridad poniéndose en manos de instituciones con tendencia a socavar los derechos civiles y políticos. Para estar más seguras correrán el riesgo de ser menos libres” (2003). 

En ninguna parte el miedo es buen consejero de la política. Por eso Colombia está empeñada en eliminar el miedo de la política con diálogo de paz y cultura de convivencia, no solo en interés nacional sino en interés universal.

@luisisandoval 

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