Ya es tiempo de estudiar la posibilidad de crear una nueva realidad política en el país a raíz de la incorporación de las insurgencias a la vida civil.
Hay un desfase temporal y factores diferenciadores importantes entre las dos dinámicas centrales de salida política del conflicto armado interno: la referida a las Farc-Ep y la referida al ELN. No obstante, se asume que de todas maneras en cuestión de meses (estamos en octubre 2015) estos dos movimientos habrán hecho el tránsito, mediante acuerdos, de proyectos políticos armados a proyectos políticos de carácter civil.
¿Qué va a ocurrir entonces? ¿Cómo va a reconfigurarse el paisaje político? Sobre todo, ¿qué va a pasar en el campo de las fuerzas alternativas: se articulan, se bi-furcan o se pluri-furcan aún más que en la actualidad? ¿Cómo visualizar el futuro de las insurgencias políticas una vez vinculadas a la vida civil?
La actual es la hora en que se marchita definitivamente la guerra y en que la política puede florecer con gran fuerza innovadora. La hora en que el fundado reclamo de justicia social y dignidad nacional de las insurgencias, que no ha podido abrirse camino mediante el accionar armado, tiene la posibilidad de traducirse, en virtud del proceso de paz política, en un vigoroso movimiento de democracia radical por medios de lucha civil.
Silenciar las armas, dejar las armas, dejar de emplearlas no es abandonar el proyecto de cambio y transformación que se ha levantado durante 50 años. A la vida política civil, los antiguos insurgentes ciertamente vendrán sin armas, pero no sin ideas de cambio y voluntad de transformación.
Los excombatientes de FARC y ELN y los partidos y movimientos alternativos con los que se encontrarán tienen una enorme responsabilidad: desatar una articulación efectiva que ponga en el escenario del pos acuerdo una fuerza muy amplia, capaz de crear una realidad política cualitativa y estructuralmente diferente a la que ha predominado en medio siglo largo de guerra.
Ahora bien, hacer política no es como hacer gimnasia sin plan de competir y pretensión de ganar. Se trata de que la reconfiguración del juego político que se produzca abra la posibilidad de competir para triunfar.
Se plantea entonces el problema de cómo desatar una dinámica política de acumulación, sinergia y coalescencia con sentido estratégico. Una línea de acción que permita trabajar con intensidad y finalmente lograr la constitución de mayorías conscientes dispuestas a movilizarse y votar para ganar el poder y el gobierno.
Según experiencias recientes en América Latina es necesario contar con un componente teórico, sociológico e histórico para dar cuenta de la enorme dispersión de las múltiples resistencias al modelo neoliberal depredador de comunidades y naturaleza. También, para dar cuenta de las potencialidades y posibilidades de articulación y proyección de tales resistencias.
El referente iluminador ha sido el del sujeto social y político plural. Ese sujeto incluye múltiples movimientos, pero en el fondo expresa el avance de un solo y básico movimiento histórico, extraordinariamente diverso, que identifica conectores y equivalencias para producir sinergia en función de objetivos de cambio estructural.
La paz es hoy un catalizador formidable de las aspiraciones de buen vivir existentes en el seno de la sociedad colombiana. La paz como proyecto de transformación solo será realidad si el amplio universo alternativo logra constituirse en fuerza plural, unificada y articulada, capaz de conducir al país por senderos de democracia, equidad y dignidad.
(Extracto de texto del autor en el libro ¡Y, Sin Embargo, se Mueve!, editado por el Profesor Víctor de Currea-Lugo, Ediciones Ántropos, Bogotá, septiembre de 2015).