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Marzo: ruedas y palos

29 de febrero de 2016 - 09:00 p. m.

Si medimos el tiempo del conflicto armado interno con referencia al surgimiento de las guerrillas políticas, las FARC en 1964 y el ELN en 1965, tendríamos 52 años, o sea, un total de 624 meses y 18.720 días de confrontación.

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Si el referente es 1962 cuando se produjo la operación Marquetalia que involucró varios miles de soldados contra un grupo de 30 campesinos erigidos en autodefensa con armas rudimentarias bajo el mando de Manuel Marulanda Vélez, serían 20.000 días de guerra. Esa esa es la guerra que está por terminarse, una guerra de 20.000 días.

Hoy se inicia marzo con la expectativa de que será el mes en que se termina esta larga guerra que no fue guerra de emancipación según la intención original de las guerrillas, ni fue guerra de legitimación según el discurso del establecimiento. En cambio, sí fue todo el tiempo una guerra de autodestrucción. Nadie venció a nadie, nadie razonablemente piensa que puede vencer al otro, en buena hora hay diálogos avanzados con una guerrilla y diálogos ad portas de formalizarse con otra guerrilla. Es la salida política del conflicto sin vencedores ni vencidos.

Marzo se abre con justificadas expectativas de paz. Tres cosas espera la ciudadanía colombiana que ocurran en este mes de marzo: 1-el 23 de marzo, si no el acuerdo final con las FARC-EP, sí un paso sustantivo hacia él como sería el cese bilateral definitivo de fuegos y hostilidades; 2-un día de marzo, el que sea, el destrabamiento de las conversaciones Gobierno ELN, que signifique superar el riesgo de una paz parcelada que, a plena satisfacción de los belicistas, sería la justificación de más violencia; 3-la definición en La Habana y en la Corte Constitucional sobre la forma de validar los acuerdos por parte de la ciudadanía (plebiscito, consulta, mandato…).

Los tres asuntos son de inmensa importancia, los tres de gran complejidad. En los tres tiene que apreciarse que gobierno, guerrilla y sociedad han tomado la decisión de ser razonables y que a ninguna de las partes le faltará inteligencia y voluntad para dar el paso adelante que el país y el mundo esperan. En los tres asuntos se tienen avances suficientes para que se produzca una definición positiva y esperanzadora en el curso del mes.

En la medida que transcurre el tiempo y el proceso avanza, se tiene que producir un involucramiento mayor de la sociedad. Así lo están visualizando el Consejo Nacional de Paz, las plataformas sociopolíticas y la opinión en general. Más protagonismo ciudadano, social y popular – volcar la sociedad a la paz – es necesario desde las regiones y territorios. Iniciativas novedosas están curso: una protesta nacional masiva que debe ser asumida por el gobierno como oportunidad para consolidar avances sociales en clave de paz, también se habla de gobierno y gabinete de transición, hasta se discute ya de nombres para la primera presidencia de transición.

Pero la expectativa de paz en marzo no puede ser ingenua: como lo señala Alfredo Molano en su columna del pasado domingo “la Derecha viene con todo”: “Hay dudas, incertidumbre, desasosiego y al mismo tiempo esperanza. Hay voces… que buscan impedir que las comunidades puedan concebir a la guerrilla sin armas.

Más claro: Uribe llama a la gente a pelear –no conoce otro verbo- contra los acuerdos de paz que se construyen en La Habana, con el argumento de que se pacta una paz armada”.

Sin duda es la hora de un gran frente alternativo por la paz que defienda el proceso y conduzca el país a dejar atrás 20.000 días de guerra.

@luisisandoval 

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